Antonio Martínez Ares, El Niño

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El Piru se frotaba su frondoso bigote en aquella tarde-noche de 1983, la luz de la Peña Nuestra Andalucía iluminaba débilmente la calle María Arteaga, el tránsito era prácticamente escaso a esas horas. Había salido un rato a tomar el aire, levantó su espigada presencia hacia el frente y vio venir una sombra que ya atisbaba temblona, con una guitarra a la espalda como si fuese un fusil, pero con una cara de adolescente como aquel que se alista al ejército por primera vez.

pena-nuestra-andalucia-300x300Aquel chico era Martínez Ares, que acompañado por su padre en una terapia de choque, había convocado a los Silva, Brihuega, Piojo, Monzón, Purri y demás mitos de la Peña Nuestra Andalucía para que les quitaran la idea del carnaval de la cabeza. El Piru extendió su brazo hacia aquel muchacho exclamando ¡pero si es un niño! Comenzaba una leyenda.

De aquella voz temblorosa salió el primer boceto de ‘Requiebro’, su primera comparsa, mientras un silencio inundó el pequeño habitáculo de la secretaría de la peña donde se habían encerrado todas aquellas grandes voces para oír el pasodoble de medida. Tras ese silencio incómodo, una voz dijo ‘cántala otra vez’ y así fue como Martínez Ares recibía la aprobación del grupo, todos salieron gratamente contentos y felices, menos su padre. Aquella terapia de choque se había vuelto contra él, y en lugar de calmar su afán de salir en carnavales lo avivó…¡y de qué manera!

Martínez Ares: “No tenía ni idea de cómo se hacía una comparsa. Menos mal que conté con la ayuda de un genio, de Manuel Rosales Agüillo hijo, que se encargó de hacer el ochenta por ciento de los cuplés y el estribillo”

requiebrosAquel elenco de voces era bestial: Piojo, Silva, Brihuega, Monzón, Purri, Carlos Peña, Pepe el Bombista, Ángel Subiela, Antonio ‘El Tarta’ o Manolo ‘El Gitano’ habían puesto sus gargantas al servicio de un niño, aquella unión no era fruto de una mera casualidad, nadie consigue tanto desde el primer minuto sin un talento innato, y Antonio lo tenía, aquella inquietud de joven adolescente quería comerse el carnaval a grandes trozos, pero no se imaginaría jamás la eclosión que tendría su obra pasados los años desde aquellos inicios temblorosos en la Peña Nuestra Andalucía.

El vanguardismo frente a lo clásico

Antonio Martínez Ares ya demostraba pese a su insultante juventud un dominio escénico bien claro dentro de su cerebro. Pese que para sus obras se basaba más en instintos que en análisis, una vez lo tenía todo mimetizado iba a muerte con él. Así, al año siguiente, tras el sexto premio de Requiebro decide ir de zombies. La vida en la peña Nuestra Andalucía era muy arraigada, y aquel tipo pensado para ese año, no encajaba para nada en la filosofía histórica del grupo, por lo que Antonio decide tomar su propio rumbo.

Martínez Ares se desligó del grupo de la peña Nuestra Andalucía en 1985, apostando por un estilo más vanguardista.

Entran Rafael Velázquez (padre), Fernandi o Fali Vila entre otros conocidos, y con ese nuevo rumbo también comienzan a trazarse los inconvenientes, los cambios de locales, las luces pinchadas, componentes como Miguel Ángel García Cossío que se marchaban a comparsas como ‘Entre Rejas’ a las que no se les podía decir que no…

1985-zombiesEl vanguardismo de aquellos zombis, inspirados en ‘Thriller’ de Michael Jackson demostraban que Ares no quería quedarse estancado y ser uno más en el Carnaval de Cádiz. Estaba dispuesto a poner su impronta y su sello desde el minuto cero, con todas sus consecuencias buenas y malas.

Lo mismo pasó al siguiente año, con ‘De Locura’. La comparsa había conseguido calar entre un público nuevo y joven que buscaba cosas frescas, mientras que otro año fuera de la final abría el debate en el grupo, de si llevar algo más gaditano les daría muchas más posibilidades a la agrupación de poder entrar en la final.

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Esto es Carnaval 1987

Así que por unanimidad del grupo, al año siguiente se apostó por un tipo muchísimo más clásico, con piconeras bailando y tanguillos en la presentación. Martínez Ares consideraba que aquello era dar un paso atrás en sus principios y en su trayectoria, no era lo que aquel quería, pero le serviría como experimento para ver si conseguían colarse en la final. ‘Esto es Carnaval’ consiguió entrar y llevarse un cuarto premio. Aquel año, entró Carli Brihuega en el grupo, tocando el bombo.



Perfilando un estilo

Tras aquel experimento de gaditanismo, Antonio decidió volver a confiar en su inspiración. Siempre tuvo en mente sacar algo relacionado con los niños, o que los atrayese, ya que así, entendía que inconscientemente también atraía a los padres. Ya por aquel entonces, José Luis, Rafael Velázquez y Ángel Subiela se habían convertido en los tres pilares fundamentales de la comparsa, en la ‘almohada’ particular del autor y el consenso de muchas decisiones futuras para el grupo.

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Familia Brihuega. Carli (Entre tus brazos), su padre Carlos (Al compás de mi cepillo) y Edu (Los Pilotos del Azafrán El Aeroplano).

En cuanto al grupo, Fernandi, Kiki y sobre todo Pati llevaban la voz cantante de ‘Entre tus brazos’. A pesar de ello, para Antonio, esta comparsa es uno de los repertorios más sosos y aburridos que ha escrito. Algo diametralmente opuesto a lo que ocurrió con el público, al que gustó mucho.

Ese año, ya en el Teatro Andalucía por remodelación del Falla, la comparsa de Ares consigue entrar en la Final, pero también se daba la casualidad de que faltaban algunas de las punteras como Antonio Martín o Joaquín Quiñones. Antonio les envió un regalito, también hubo una alusión a la Peña Nuestra Andalucía en aquellas luchas internas del carnaval, y en una estrofa del popurrí citando a Paco Alba como ‘Un tal Paco’ que no gustó mucho. La fama de niño rebelde iba alimentando aquella selva de gente sedienta de sangre y que Ares no tenía ningún tipo de problemas en proporcionárselas a forma de coplas certeras.

Al año siguiente, en 1989, ‘Con uñas y dientes’ ya avisaba en otra letra polémica e irónica, dándole las gracias a la ausencia de los grandes autores su comparsa podía estar en la final, y que este año nuevamente se quedaría fuera, y así ocurrió. Ese año, entraría en la comparsa otro de los míticos que lo acompañaría durante los siguientes 6 años, Juan José Aráuz ‘El Chupa’.

Pero hubo algo de aquel año que transformó por completo la visión del autor frente al mundo del carnaval. En una noche en las que Antonio sale más temprano del ensayo, decide pasarse por el Gran Teatro Falla, y allí queda atónito ante una comparsa que marcó una época. ‘Soldaditos’ y su popurrí sublime dejan maravillado al niño, que desde su butaca en pie no para de aplaudir como un loco. Antonio entendió desde aquella noche que sus comparsas no eran más que un ensayo, que debía de cambiar su estilo de contar las cosas, transformarse en un poeta adelantado a su tiempo como ya lo eran José Luis Bustelo y Paco Villegas aquel año.

La transformación del niño

Posiblemente Sonri-Sillas forme parte de aquel proyecto embrionario que Ares tenía previsto en su cabeza desde que quedó prendado con aquellos Soldaditos del año anterior. José Luis, en una noche de verano le propone ir de payasos y Antonio decide pensárselo, le da muchas vueltas, y es que aquel, era un tipo ya bastante trillado en el Carnaval de Cádiz, razón de más para darle una vuelta de tuerca más, todo un reto que El Niño acepta días más tarde.

Martínez Ares tuvo un enfado con Ángel Subiela a cuenta del color de las chaquetas, lo que provocó que no se hablaran hasta el primer día del concurso.

1990-sonrisillasNuevos cambios en el grupo, Carli dejaba el bombo a su primo Santiago como nueva incorporación, Antonio dejó de salir para dedicarse más a la comparsa, entraron 3 guitarras, Manuel Coronilla de tenor y la dirección recayó por primera vez en Ángel Subiela, con el que Martínez Ares tuvo un rifi-rafe que le costó que no se hablaran hasta el primer día de concurso. El motivo, Antonio decidió traer unas telas color burdeos, pero Ángel y otros componentes aparecieron con otras, que por cierto fueron las que se quedaron.

El chupa soltó la guitarra y pasó a la fila delantera como contraalto, mientras que Carli, con su plante tímido ya iba haciéndose un hueco entre las voces de Pati y Fernandi con su particular timbre de voz. El Falla sería la carpa de estos payasos, y emulando al mítico payaso Charlie Rivel con su clásica silla y unos gestos de mímica para darle esa vuelta de tuerca consiguieron el efecto logrado, pese a ello, la comparsa no pasó a la gran final.

Pero si hay algo que quedó marcado en la retina de Antonio, fue la de aquellos comparsistas de ‘De ida y vuelta’ que el año anterior habían sido ‘Soldaditos’ felicitando al Niño y diciéndole que esa comparsa estaba adelantada a su época. De un plumazo, de un año para otro había conseguido verse reflejado en lo que él quería.

Es aquí donde comienza el verdadero aspecto de maduración de la obra de Antonio Martínez Ares, es en este tramo entre 1989 y 1990 donde descubre que es necesario un cambio a la hora de hacer, pero sobre todo decir las cosas. Su crecimiento seguía imparable, tremendo y mágico, pero casi nadie podría presagiar, la ventolera de coplas que estaría por llegar a partir del año siguiente…

CONTINUARÁ…

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