Antonio Martínez Ares, la conquista de la mujer bonita

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Martinez Ares - La conquista de la mujer bonita - Codigo Carnaval

Como flor que cobra vida en primavera, así fue aquella noticia de principios de junio de 2015. Tuvieron que ser hasta dos tuits, para que nadie se pensara que era una broma macabra, de esas que habíamos escuchado tantísimas veces que ya ni nos creíamos. Un viento de 13 años soplaba por las esquinas y cañones de Cádiz al aviso, se atisbaba un barco pirata entre la bruma: Regresaba Antonio Martínez Ares.

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Un hombre cobarde no conquista a una mujer bonita, con ese lema grabado a fuego volvería El Niño con una comparsa. Parecía utópico e impensable, y es que tras estos 13 años de ausencia, Antonio prácticamente había reuído de casi todo lo que olisese a carnaval. Fue presentador de Onda Cádiz en alguna edición del COAC junto a Miriam Peralta, pregonero del Carnaval de Cádiz en 2008 y trajo una obra de teatro relacionada con el carnaval al Falla titulada ‘Esto no es carnaval, solo lo parece’. Fuera de eso, su participación en todo lo que rodeaba al COAC fue inexistente, y todas y cada una de sus palabras sobre su vuelta eran negativas. Había repudiado el Carnaval de tal forma que parecía imposible volverlo a ver con una comparsa, pero nos equivocamos.

Antonio Martínez Ares volvió a conquistar Cádiz por medio de un camaleón, que representaba al gaditano, aquel que se transforma cuando llega febrero a cantar sobre un escenario sin pudor, pero en otras fechas cambia de color hacia un conformismo protestón, hacia una cobardía que lo ahoga y aprisiona en un paraíso terrenal rodeado de agua.

El tiempo parecía encajar cada cosa en su sitio

Pero seguramente no todo el mundo estaba preparado para escuchar a Los Cobardes, aquellos sones de La Ventolera o Los Piratas retumbaban demasiado fuerte para hacer creer al subconsciente que lo que escucharían sería mejor, o peor aún, que sus espectativas fueran tan altas que defraudaran muchísimo en el regreso más esperado. Antonio decidió apostar por un grupo nuevo pero de caras muy conocidas: Fali Figuer, Toni Piojo, Cristóbal Morales…y delegó su brazo derecho en Rafa Velázquez, hijo de Rafael ‘El Mejicano’, que junto a José Luis y Ángel Subiela tomaron muchas decisiones importantes en las comparsas de Ares en sus inicios.

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Todo parecía encajar, Cristóbal aterrizando como la cuenta pendiente que deseaba cerrar Antonio, tenerlo en sus filas. A Rafa Velázquez, dándole la promesa de que si en algún momento volvía él sería el primero en enterarse, a su padre, acudiendo a todos y cada uno de los ensayos como un componente más, o aquel sublime homenaje a su madre, que en un momento entre la lucidez y la locura le pedía que hiciera una zarzuela (refiríendose a una comparsa). Pese a ello, el repertorio de Los Cobardes traía consigo nuevos dotes de vanguardismo. Contenía aquellos retales de La Ventolera o Calabazas, pero el pasodoble no se parecía a nada de lo que Antonio había escrito antes, ni nadie. A la gente le costó digerirlo, pero al igual que ocurrió con La Serenissima de Juan Carlos Aragón, cada día y cada pase los que quedaban encantados se sumaban por miles.

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Martínez Ares no estaba de paso

Martínez Ares había vuelto, pero lo mejor aún es que era para quedarse. Fiel a su instinto, empezó a notar cosas por el carnaval que hace tiempo no sentía, como aquella invitación que recibió por parte de la antología de Los Pabellones, de la que entró escéptico a escuchar las coplas que aquel año estaban dedicadas a su figura, bajo los sones de sus comparsas más míticas. Algo le entró por el cuerpo que al poco tiempo tuvo que salirse del local. ¿Era el veneno llamando a sus puertas golpeándola tan fuerte que estaba apunto de derribarla?

Han sido dos décadas de carnaval a sus espaldas junto a un silencio de 13 años. Unos camaleones que alzaron cortinas ante un forillo negro, recordándonos que aquí lo más importante es la copla y no el decorado, el contenido y no el continente. Unos camaleones que en cuanto empezaron a entonar aquellas melodías nos recordaron a los tiempos de radio, de rebobinar cintas de cassette o de comprarlas en Discos El Melli, cuando no había foros ni internet y los esbozos de los tipos se exhibían en los escaparates de la ciudad. Nos teletransportó a sus coplas inmortales, a aquella plaza de San Juan de Dios con Plocia a las 6 de la mañana donde el humo de los primeros cafés se mezclaban entre los dedos agrietados de lobos de mar, en un muelle repleto de barcos donde el trabajo no faltaba y el carnaval aliviaba las penas junto al horizonte infinito de su belleza.

Sus coplas para la eternidad

Escúchame buscavidas, con permiso buenas tardes, cuando arrancó el primer grito, carnecita de gallina, eras casi nada, hace un cuarto de siglo, lobo, ha dicho el santo padre, recuerdo que era mayo… Una vida entera entre esos enunciados míticos, nuestra vida carnavalera postrada al compás de un viejo transistor y el sueño de oír nuevas coplas, de ser nosotros los que nos subíamos a ese escenario a defender coplas del Niño, a los que ya no están con nosotros que crecieron junto a esas melodías, esas voces de ensueño que para nosotros eran dioses en un olimpo de papelillo y serpentina, el autor que nos hizo estremecer, reír, disfrutar y llorar con y cada una de sus coplas había vuelto para quedarse, para conquistar el corazón de la mujer más bonita de todas para toda LA ETERNIDAD. Cádiz, la tacita de plata.

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