PODCAST | Juan Carlos Aragón, bitácora del Capitán Veneno

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Juan Carlos Aragón, bitácora del capitán veneno

Juan Carlos Aragón se ha convertido en uno de los iconos más mediáticos del Carnaval de Cádiz. Su aterrizaje en el mundo de la comparsa, ha supuesto una auténtica bomba atómica de sentimientos, entre una juventud carente de un gran afecto intelectual y emocional por parte de sus ídolos.

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Juan Carlos Aragón, rebelde con causa

Podríamos decir que Juan Carlos es el ‘James Dean’ del Carnaval de Cádiz, un rebelde, pero no uno sin causa, ya que todos y cada uno de sus versos llevan una intención clara, certera y directa. Aquel que hace coquetear a sus seguidores en un sutil limbo entre la revolución social, política, el desamor, o plantearse los verdaderos trasfondos y mapas de rutas de la vida. Un revolucionario que no duerme en las trincheras, sino que se mezcla valiente entre el humo de la metralla, la sangre seca de sus versos y la verdad de su garganta caliente.

El tránsito de Juan Carlos por el Carnaval de Cádiz a lo largo de sus obras ha tenido dos etapas bien diferenciadas, una primera, aferrado a los sones canallas y alegres de sus chirigotas, y otra bien distinta, abrazado fuertemente a la vorágine de pasiones que provoca la modalidad de la comparsa.

Manolo Casal: “Juan Carlos Aragón en el fondo es un rebelde, que ha utilizado el Carnaval de Cádiz como una tribuna donde apagar su fuego, su fuego de espíritu indomable. Tiene cosas que decir, y las dice, sin tapujos, de manera directa y descarnada, tiene un verso corrosivo…Pero es que además hace música innovadora, moderna, que a pesar de todo suena a tradición, a música”.

Sus versos siempre esconden mensajes

En cada una de las modalidades, hemos visto dos formas, que en todo momento no han perdido ni el continente ni el contenido general de su intención. A Juan Carlos no se le puede ni debe valorar de una pasada, sus obras necesitan más de una revisión para poder apreciar los numerosos mensajes ocultos tras sus versos que esconden sus agrupaciones.

Quizás, aquellos contenidos tan densos, en ocasiones le haya costado una mayor incomprensión por parte del Jurado del Concurso, o que en otras, se haya utilizado la famosa frase: Las comparsas de Juan Carlos son buenas en febrero y magníficas en verano.

Juan Carlos, como agente de cambio en la juventud

Es evidente, tras analizar sus versos, que no nos postramos ante un autor más de la fiesta. La intención de sus letras siempre ensalza a un público determinado a tomar conciencia de sus mensajes, a que no sean únicamente unos consumidores pasivos, que entiendan que tras esas reivindicaciones sociales o políticas hay un llamamiento certero a remover la conciencia de quien consume su obra.

No hay ningún dardo lanzado al azar, todas sus flechas llevan veneno y un destinatario claro y conciso. El autor Lo conoce desde el primer minuto que escribe y es capaz de plasmarlo con las formas adecuadas, aunque en la mayoría de las ocasiones, para muchos no sean las políticamente correctas.

En este concurso de coplas del Carnaval de Cádiz, donde se ha catalogado en más de una ocasión como periodismo cantado, es, ante la posibilidad de repeticiones de pasodobles con el mismo mensaje, más importante incluso las formas, que el mensaje en sí para poder destacar por encima del resto, contar lo mismo pero de otra forma se antoja la tarea más complicada para los autores.

Su música, la perfecta dualidad de su obra

Y en ella, nace la música. Juan Carlos también domina esa faceta y se auto somete continuamente a constantes cambios. Nos traslada a Cuba con La Guayabera, a Uruguay con Araka o a Venecia con La Serenissima en unos cuantos años, es capaz de recorrer junto a nosotros el infierno de los príncipes, la riqueza de los valores inmateriales de Los Millonarios o robarnos el corazón entero con Los Ladrones. No hará falta que haya viajado a esos enclaves para conocerlos, con su eterna melodía lo guiará cual flautista de Hamelín por sus obras, haciéndolo partícipe del color, la forma de vida y las inquietudes más tremendas.

En el punto de mira de la crítica

Pero no todo han sido camino de rosas, a Juan Carlos Aragón se le ha marcado desde los primeros días por ser una persona que no calla sus sentimientos ni pensamientos, este rebelde antimilitarista, anarquista y laico no tiene más fronteras que la playa de Cortadura, y aquellos pasodobles e incluso cuplés irónicos, corrosivos y ácidos han hecho mella en los sectores más puristas, exactamente donde el autor ha querido verter su veneno, sin equivocarse ni un ápice de su recipiente.

Esa mira de francotirador con la que se le apunta cada vez que se abren cortinas lo motivan aún más a seguir en la brecha sin importar perder un premio si por el camino consigue ganar unos cuantos pulsos con las hirientes palabras de sus comparsas. Juan Carlos Aragón tira la piedra, enseña la mano y canta un pasodoble diciéndolo con una sonrisa de oreja a oreja. Desafiante, pero transparente como la verdad de sus versos.

¡Oh capitán, mi capitán!

Como ya dijo un poeta, Cádiz es un barco clavado en el mar, y sus poetas de febrero son aquellos marineros que luchan por sacarla a flotea base de piropos. La niebla se hace cada vez más densa en el horizonte, y una figura de negro se atisba imponente sobre aquel limbo hipnótico de versos estremecedores, el capitán de las gargantas calientes ha dejado bien claro en su bitácora de abordo que se doblen las velas, que no es necesario salir de estos 3000 mil años de antigüedad para mostrar al mundo la cara y la cruz de lo nuestro, el capitán veneno ha pedido que apretemos el puño, afilemos gargantas y preparemos los cañones frente a cualquier fanfarrón que no quiera a Cádiz, la bendita Tacita de Plata.

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