¡Viva el Cid!

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Imagen: ocadizdigital

Casualmente, ayer, recibí una clase sobre la simbología animal procedente de la tradición clásica: uno de los apartados hablaba exclusivamente de la figura del mono. En los apuntes quedó escrito: “El primate denotaba (y representa) la idea de filautía (que implica la reconciliación con lo que uno es y con la propia existencia), era y es una figura atractiva por su limitrofidad, entre lo humano y lo animal; además, el mono simbolizaba y simboliza las bajezas del ser humano: la simulación de lo humano lleva a la ridiculez”. No creo errar si afirmo que la idea de la comparsa de Bienvenido iba por ahí…

Sofisticación por copla

El aficionado, (creo) me entenderá si le expreso el sentir que produce una comparsa que te llega y conecta contigo: Tras escuchar la presentación, te levantas como un resorte del sofá y te echas las manos a la cabeza exclamando “¡madre mía…!”. Con los pasodobles te quedas boquiabierto, y posiblemente aguantes en pie de la excitación, como cuando tu equipo se está jugando la vida en los diez minutos finales de partido. Una vez acaba el popurrí quedas conmocionado: “¿Qué es lo que acabo de presenciar?”.

Seguidamente, llegan las ansias porque suban ya ese pase a Youtube para poder visualizarlo de nuevo en bucle (con los pasodobles, que los paras una y otra vez para apreciar tal o cual matiz, puedes estar hasta 15 minutos). Al siguiente día, escuchando la comparsa en mp3, vas por la calle y te sientes el amo (o la dueña) de la acera, o en el coche por la carretera.

Pero hay comparsas que sabes que son muy buenas, pero que les falta ese quinto elemento irracional que te pellizca: tal es el caso de los primates de Bienvenido, quien desde Los Santos no ha vuelto a clavarnos una daga envenenada. Los Irracionales manejaron a la perfección los otros cuatro elementos naturales (tierra, agua, fuego y aire), pero no ofrecieron el éter; quizás en una dosis mínima en el primer pasodoble, que fue un besito de los que le pintan a nuestra ciudad dos coloretes: “Una ciudad es como una espinita, dentro de un barrio que hay en el alma”.

Como bien sintetizó un tuitero: “Más sencillita, más de Cádiz”. Y es que la sofisticación del tipo, de la escenografía, de la puesta en escena y de la idea, por momentos ensombreció la letra, el mensaje y la música. La literatura y la copla como esencia, que decía Pepe Marchena.

Que os den morcilla

No os miento si os digo que ayer almorcé morcilla de Burgos… y por la noche se me repitió. Supongo que comprenderán y sabrán perdonarme la cabezadita durante la actuación de los isleños y murcianos. Desperté abruptamente al son de lo que parecía el soniquete de Los Gitanos de El Puerto. Del coro de Lucía Pardo, puedo decir que iban muy graciosas y aplaudir la originalidad de la idea. Poco más.

Bueno, sí: ¡Viva el Cid!

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