Y al séptimo día…

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Los Pereginos
Foto: Onda Cádiz

“Esto es una religión pa’ el que no tiene más dios que la voz de su pueblo tal como le sale”.

El Carnaval, como religión laica, tiene su misa obligatoria en cada sesión del concurso, su catedral en el Falla, su Dios en Momo, sus sacerdotes en los autores, su cisma en Alcalá, su relato sagrado en la Historia que guarda el Teatro, su fariseísmo en esos comparsistas que cada año cambian de “poeta” en pos de estatus y dinero, sus sectas fanáticas en los hooligans de Paraíso, su profesión de fe en pasodobles y cuplés, su liturgia en la estructuración de los repertorios, su casta corrupta en el Patronato, su Semana Santa en febrero, y hasta su chivo expiatorio en el jurado.

Fue al séptimo día cuando un concurso hasta ahora mediocre, salvo alguna flor en lo podrido, despertó. Despertó de su letargo con una sacudida estruendosa del Juan Carlos más lírico, el del verso y el limón, el de La Serenissima, el de Los Millonarios. El Juan Carlos críptico y enamorado (del carnaval) que hace de un pasodoble la génesis de una comparsa.

“Cual si fuera un peregrino que cumple su penitencia, coge el camino de vuelta, ay, caminito del Falla”.

Presentó al peregrino que tiene su meca en Cádiz. Estos penitentes caminaron de la presentación al popurrí, dejando como hitos dos Pasodobles (sí, en mayúscula) de dimensiones soviéticas en perímetro y calidad. Les palpitó y nos palpitó el corazón “de esa manera canalla y que rompe y estalla igual que un cañón”. Eso sí, llegaron algo “cansados” al popurrí.

Pero no permitan que mi exaltación pueda con mi narración: hubo más anoche. Pastrana trajo un batallón chirigotero compuesto de retales del legado del maestro Fletilla y que presentarán batalla hasta el fin (¡como para no, con esa falseta y ese piano!). Los chavales de Quintana retornaron con una idea empachada de Cádiz. La única chirigota de la noche cumplió su cometido bufonesco entre lo sobrio. Romero Bey rescató para su comparsa al personaje de Pierrot, le falto grupo y se pasó con la transgresión musical para una buena idea desenmascaradora de hipocresía. De Paterna nos llegó una comparsa digna, pero que presentó dos pasodobles populistas.

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