Ángel Subiela, el líder innato

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Angel Subiela
Foto: Carnaval y Punto

Con la mirada de un lider nato gira su cabeza hacia atrás momentos antes que suenen los primeros acordes de la guitarra, son palabras cortas y escuetas, de aliento y recordatorio, se gira hacia el frente donde un foco ya apunta directamente sobre la estampa de su comparsa, él cambia su rostro serio en una sonrisa inmensa, como señal de respeto al público que espera impaciente los primeros acordes.

Resultaría impensable en el carnaval de los 80, 90 y actual mencionar a los mejores directores de la fiesta y no pensar en Ángel Subiela, principal estandarte y baluarte de las comparsas de Antonio Martínez Ares desde que el niño llegó con una guitarra bajo el brazo con apenas 17 años a la peña Nuestra Andalucía. Ángel tuvo el nervio pasional sobre todo lo que hacía, esa pasión por la perfección llegó a transformarlo en una enorme virtud. Ángel fue siempre el ‘azote’ de los autores, capaz de hacer girar una vuelta más lo que ya estaba dicho, lo que ya estaba escrito.

Su carácter ganador, positivo y confiado en sí mismo le ha llevado también a ser el ojo del huracán en la crítica voraz. Subiela en todos estos años se ha limitado a trabajar más duro que nadie y eso le ha llevado a entender las entrañas del concurso de manera transparente y cristalina, sabe perfectamente lo que puede gustar y lo que no, es el filtro entre las letras del poeta y el grupo, su experiencia le aporta la templanza para saber si esa letra debe cantarse, debe modificarse o no vale.

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La varita mágica con la que muchos dicen que Ángel Subiela está tocado o tiene no es más que el fruto de la inmensa experiencia, de absorber como una esponja de todos los grandes autores con los que se ha rodeado, sugerencias infinitas de tipos que han ganado agujas de oro, pasodobles que le han dado el primer premio y un sinfín de características que hacen que este director no sea uno cualquiera ni haya llegado tan lejos si no es por sus infinitas cualidades y experiencias.

El porte clásico de un director que no renuncia a los nuevos tiempos, que rema junto a los suyos como un principiante habiéndolo ganado todo con Martínez Ares, Juan Carlos Aragón, Tino Tovar, Carapapas o Antonio Martín. Su elegante figura sobre las tablas nos lleva a un Cádiz pasado, donde el peso de una figura jerárquica sobre las tablas en una posición estratégica se transformaba en icono, en referente e incluso en mito. Subiela ha sido la representación del autor bajo las tablas, la templanza cuando el nervio aflora, el genio cuando la letra pedía sacar los dientes, el hombre al que había que mirar con el rabillo del ojo sobre el escenario esperando sus órdenes, el líder de una revolución que volvió a despertar la pasión por una modalidad de embrujo y veneno.

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