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Código Carnaval

Las chirigotas de barrio

Las chirigotas de barrio

El Carnaval de Cádiz llega hoy a todo tipo de clases sociales: ricos, pobres y gente de clase media disfruta de una fiesta que cada año es capaz de traspasar más y más fronteras.

Originalmente, el Carnaval de Cádiz surgió de las clases bajas. El Teatro Falla se convirtió en símbolo de protesta ante las precariedades o las injusticias y como bien lo definieron, el concurso se transformó año tras año en un periodismo cantado.

Los tiempos cambian, y la comercialización del concurso exige a quien desee exportar su agrupación más allá de las Puertas de Tierra un repertorio entendible, dejando atrás temas localistas para centrarse en temáticas de ámbito autonómico, nacional o internacional.

Sin embargo, hay otro carnaval que sigue resistiendo el paso del tiempo: el carnaval de barrio. 

El compromiso del barrio

Los Yayoflautas chirigota de barrio

Ya no se trata únicamente de llevar el estilo añejo en sus compases, sino de un compromiso de 365 días. Chirigotas como las de Manolo Santander, las de Juanlu Cascana o Roberto Gómez  y Juan Blanco con ‘Los Yayoflauta’ son la representación más clara.

Chirigotas que siempre tuvieron las puertas de su local de ensayo y su corazón abiertas a sus vecinos, donde nadie es más que nadie, pero sobre todo, prima el compromiso.

La Viña y Santamaría, dos de los barrios con más arte de Cádiz, pero también donde el paro, la droga o la infravivienda han azotado con más fuerza. Allí, han entendido que la unión hace la fuerza para ayudarles a digerir las tragedias, y que el Carnaval de Cádiz debe ser el altavoz perfecto.

Ellos entienden mejor que nadie que el premio te lo da el pueblo, te lo da la sonrisa de la gente de tu barrio cuando haces pasacalles, cuando se estremecen si les cantas un piropo, o aplauden a rabiar cuando plasmas en tu repertorio los problemas vecinales.

Fieles a sus ideales

Cádiz es muy bonito en carnavales y en verano, pero estos obreros de la copla continúan viviendo allí cuando pasa el anti-ciclón y llegan las borrascas, cuando la desesperanza vuelve a agitar sus miedos y su futuro.

Hoy un pasodoble a Astilleros no levanta el teatro. Quizás porque el público que hoy llena las butacas del Teatro Falla sean de los que comen con el estómago lleno o que poco o nada tienen que ver con el compromiso laboral de la industria. Por eso quizás, un pasodoble de Los Morosos a las necesidades de la infancia no consiga volcar al teatro durante cinco minutos…son otros tiempos, otro público.

En un día a día, que las nuevas generaciones les piden a la chirigota más risa, ellos siguen aportando más compromiso, apoyan más a la cantera, siguen abriendo sus libretos a los problemas de su gente y siguen cantándole a la cara del político de turno lo que les duele el barrio, lo que les duele a sus vecinos y vecinas.

¿Acaso no fue esa la verdadera intención del Carnaval de Cádiz?

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