Hay nombres que no necesitan presentación en Cádiz, aunque fuera de sus murallas el mundo tardara demasiado en conocerlos. Adela del Moral Pino es uno de esos nombres de autoras del Carnaval de Cádiz imprescindibles.
Nacida en la capital gaditana en 1953, esta maestra, política y apasionada carnavalera protagonizó uno de los capítulos más relevantes de la historia del Carnaval de Cádiz: fue la primera mujer en ejercer como autora y directora musical de un coro oficial en el Concurso de Agrupaciones Carnavalescas (COAC) del Gran Teatro Falla.
Un hito que, visto hoy, parece tan natural como inevitable. Pero que en 1981, en la España recién estrenada en democracia, requirió de una determinación poco común.
Adela no era solo una carnavalera. Era maestra defensora de la escuela pública, concejala del Ayuntamiento de Cádiz en las filas del PSOE y una mujer de convicciones firmes que no dudaba en sostenerlas incluso cuando incomodaban a los suyos.
Esa fibra moral, esa coherencia sin fisuras, fue la misma que la llevó a plantarse en un mundo reservado históricamente a los hombres y a quedarse en él durante dieciséis años seguidos, dejando una estela de tangos, pasodobles y cuplés que todavía hoy se cantan en las calles de Cádiz.
Los inicios: de las callejeras al Falla
La historia de Adela con el carnaval no comenzó entre bambalinas ni con un libreto bajo el brazo. Empezó como empieza todo en Cádiz: en la calle. Antes de dar el salto al concurso oficial, participó en agrupaciones callejeras donde la espontaneidad y las ganas de cantar marcaban el ritmo. Fue precisamente en ese ambiente donde tomó cuerpo lo que pronto sería el germen de su coro oficial: un grupo formado mayoritariamente por mujeres que en 1980 salió a la calle bajo el nombre de Jomeini y sus secuaces.
Un año después, en 1981, ese mismo grupo dio el salto al Falla con Los mariscaores gaditanos. Adela tenía 28 años y se convertía, sin pretenderlo según sus propias palabras, en la primera mujer autora de un coro en el concurso oficial. Lo que nació como el «coro de las niñas» —así lo llamaban en el mundillo, con esa mezcla de ternura y condescendencia que tan bien conocen quienes rompen moldes— fue consolidándose certamen tras certamen hasta ser conocido, sin más apellidos, como «el coro de Adela».
En aquella primera edición, el coro llegó al escenario del Falla con el tipo de los mariscadores, una estampa costumbrista de raíz gaditana que encajaba perfectamente con el espíritu del carnaval de la época. Al año siguiente, en 1982, Piconeras y franceses rescataba otro episodio de la memoria histórica de la ciudad, la resistencia gaditana ante las tropas napoleónicas, con una mirada que mezclaba el orgullo local y el humor fino que caracteriza a la fiesta.
Primeros éxitos y coros para la historia

El despegue definitivo llegó en la segunda mitad de los ochenta. Con La tertulia de Doña Frasquita (1983) y Olé gaditano (1984), Adela fue afinando una fórmula propia que combinaba temas de fuerte identidad gaditana con una musicalidad cuidada y accesible. Plaza de Mina (1985) rindió homenaje al corazón verde de la ciudad, ese jardín donde el carnaval y la vida cotidiana de Cádiz se mezclan desde siempre.
Pero los años de consagración absoluta llegarían con dos coros que quedaron grabados en la memoria colectiva del carnaval. En 1986, La viudita naviera se alzó con el primer premio del COAC, una historia con sabor marinero y un punto de melancolía que Adela supo vestir musicalmente con una elegancia poco habitual. Al año siguiente, en 1987, Watussi repitió el éxito y volvió a coronarse con el primer premio, esta vez con un tipo exótico y festivo que demostró la versatilidad de la autora: tan a gusto en lo local como en lo universal.
Ambos primeros premios no fueron solo galardones. Fueron la confirmación de que el coro de Adela no era una curiosidad de género ni un fenómeno pasajero: era, sencillamente, uno de los mejores coros del Carnaval de Cádiz.
La unión con los letristas: una dupla imprescindible
En el Carnaval de Cádiz, la música y la letra son inseparables, y Adela lo sabía bien. Su trabajo como compositora encontró un complemento imprescindible en la colaboración con letristas de la talla de Antonio Segura y Antonio Rivas, con quienes forjó una relación creativa que fue clave en el éxito de muchos de sus coros.
Esta alianza permitía que la música de Adela respirara con las palabras adecuadas: tangos que decían lo que había que decir, pasodobles que no perdían la gracia aunque apuntaran directo a la conciencia, cuplés donde la ironía y la ternura convivían sin esfuerzo. En el Carnaval de Cádiz, autor de letras y autor de música son dos caras de la misma moneda, y Adela entendió desde el principio que rodearse de los mejores en la escritura era tan importante como cuidar hasta el último acorde.
Su estilo musical: el laúd, la voz propia y la emoción sin artificio
Si hay una imagen que define la figura artística de Adela del Moral, es la de una mujer con un laúd entre las manos. Ese instrumento de cuerda, tan ligado a la tradición musical española, fue su compañero inseparable durante décadas y se convirtió en símbolo de su manera de entender el carnaval: desde la raíz, con rigor, sin atajos.
Adela era profesora de música, y eso se notaba en cada partitura que firmaba. Sus coros tenían una arquitectura vocal exigente, con las distintas cuerdas —tenores, bajos, voces femeninas— perfectamente encajadas en un tejido sonoro que sonaba a la vez complejo y natural. La innovación más significativa que aportó al carnaval gaditano fue precisamente ésa: la creación del coro mixto, integrando voces masculinas y femeninas en una misma agrupación. Hasta entonces, los coros eran terreno exclusivo de los hombres. Adela cambió eso para siempre.
Su estilo musical se movía entre la tradición y una sensibilidad propia que huía del efectismo fácil. Sus melodías eran cantables, pegadizas sin ser banales, con una capacidad extraordinaria para emocionarse en el tango y reírse en el cuplé sin que ninguno de los dos perdiera autenticidad. No buscaba el golpe de efecto; buscaba que la música contara algo verdadero. Y lo conseguía.
La bandurria, otro instrumento que formaba parte de su mundo sonoro, completaba una paleta tímbrica que dotaba a sus composiciones de un color particular, cálido y genuinamente gaditano. Adela no componía para el concurso: componía para Cádiz.
Feminismo frente al machismo: una batalla sin aspavientos

Adela del Moral nunca se autoproclamó abanderada del feminismo. Era demasiado práctica para los gestos grandilocuentes. Pero lo que hizo fue, en su sencillez cotidiana, profundamente transformador. Presentarse en el Falla como autora y directora en 1981 requería una valentía que ella misma se negaba a dramatizar: «La vida te pone a veces en esos sitios… Yo nunca lo he pretendido. Siempre he luchado por lo que he creído en el ámbito en que me he desarrollado», declaró en una entrevista.
Esa actitud, aparentemente discreta, fue en realidad una declaración permanente. Año tras año, durante dieciséis ediciones seguidas, Adela demostró que una mujer podía estar al frente de un coro con la misma autoridad y los mismos resultados que cualquier autor masculino. En un mundo donde las normas no escritas pesaban tanto como las escritas, su constancia fue más elocuente que cualquier discurso.
El reconocimiento institucional tardó décadas en llegar. Los propios requisitos del Antifaz de Oro —el galardón más importante del Carnaval— exigían 25 años de participación en el concurso, algo que Adela no cumplía en estricto sentido puesto que dejó de presentar coros en 1997. Sin embargo, su huella fue tan evidente e irreemplazable que en 2022 se convirtió en la primera mujer en recibir este galardón, con una excepción que reconocía lo que las reglas no sabían medir.
La época dorada: los años 80 y 90
La década de los ochenta fue el caldo de cultivo perfecto para que el coro de Adela se convirtiera en una institución. El carnaval vivía un momento de expansión y creatividad tras los años oscuros del franquismo, y el concurso del Falla empezaba a tener el peso cultural y mediático que hoy todos le reconocen. En ese contexto, coros como El imperio inca (1989), con su ambientación precolombina y sus melodías exuberantes, o Faltan 2 pal 92 (1990), que miraba con ilusión y retranca gaditana al año de la Expo de Sevilla, supieron captar el espíritu del tiempo.
Los noventa trajeron nuevas propuestas igualmente memorables. La Jaima (1991) recibió la Aguja de Oro, galardón que se estrenaba ese año, con un vestuario diseñado por Manuel Odriozola que subrayaba la apuesta visual de un coro que nunca descuidaba la puesta en escena. Tracana (1993) y The music family (1994) mantuvieron el nivel, y ¡Oh!, Cádiz (1996) fue un homenaje directo a la ciudad que lo había apostado todo por ella. El broche de oro llegó en 1997 con La Gran cabalgata, la última aparición de Adela en el concurso oficial, cerrando un ciclo de dieciséis años con la misma dignidad con la que lo había comenzado.
En total, el coro cosechó diez premios a lo largo de su trayectoria, de los cuales dos fueron primeros premios. Un palmarés que habla por sí solo.
Sus últimos años y fallecimiento
Tras retirarse del concurso oficial en 1997, Adela no abandonó el carnaval. Siguió participando en agrupaciones callejeras formadas por mujeres, desde el romancero El Faro de las Puercas en 2002 hasta varias chirigotas entre 2005 y 2009, porque el carnaval no era para ella una profesión ni una competición: era una forma de estar en el mundo.
Su compromiso social continuó igualmente activo. Como concejala del PSOE en el Ayuntamiento de Cádiz durante los mandatos de Teófila Martínez, ejerció su labor con la misma independencia de criterio que siempre la había caracterizado. No dudó en incluir letras críticas con su propio partido cuando lo creyó necesario, una actitud que decía mucho de su carácter: «He llevado una letra en contra del PSOE estando en la oposición y siendo concejala del PSOE. Eso no significa nada, demuestra honestidad», afirmó.
Los reconocimientos institucionales fueron llegando, aunque algunos con la demora que acostumbra a tener la justicia histórica. Fue nombrada Hija Predilecta de Cádiz, recibió el Antifaz de Oro en 2022 y el Ayuntamiento inauguró una calle con su nombre. En el Carnaval de 2026, pocos meses después de su fallecimiento, su estrella se incluyó en el Paseo de la Fama del Gran Teatro Falla.
El 2 de febrero de 2024, Adela del Moral Pino falleció a los 70 años. La noticia la comunicó el coro callejero con el que había seguido vinculada, gracias a su compañero de vida y autor Luis Frade: «Con el cuerpo frío y el corazón roto en mil pedazos, informaros que nuestra Adela nos ha dejado esta mañana». El Ayuntamiento de Cádiz decretó un día de luto oficial. Pocas veces una ciudad llora de manera tan genuina la pérdida de una de las suyas.
Legado: la puerta abierta que nunca más se cerró
El legado de Adela del Moral Pino no es solo musical, aunque su música siga siendo suficiente razón para recordarla. Su legado es estructural: transformó el Carnaval de Cádiz de manera irreversible. Antes de ella, las mujeres no subían al Falla como autoras ni como componentes de los coros oficiales. Después de ella, ese mundo nunca volvió a ser solo masculino.
La exposición La Dama del Laúd, inaugurada en la Casa del Carnaval en abril de 2025, recogió con mimo los vestuarios, partituras, fotografías y reconocimientos de sus quince coros, además del laúd y la bandurria que fueron sus instrumentos de batalla. Un homenaje que también rindió tributo a todas las mujeres que, en el anonimato, cosieron, diseñaron y cantaron junto a ella.
El Concurso de Orquestas de Coros que organiza la Asociación de Coristas Gaditanos lleva hoy su nombre: Memorial Adela del Moral Pino. Porque hay personas cuyo nombre, una vez dicho, ya no se puede olvidar.
Adela del Moral creyó que el carnaval era de todos. Y tuvo razón
Coros de Adela del Moral
- 1997 – La Gran cabalgata (Coro) (Música)
- 1996 – ¡Oh!, Cádiz (Coro) (Música)
- 1994 – The music family (Coro) (Música)
- 1993 – Tracana (Coro) (Música)
- 1991 – La Jaima (Coro) (Música)
- 1990 – Faltan 2 pal 92 (Coro) (Música)
- 1989 – El imperio inca (Coro) (Música)
- 1988 – A pelote el vagón (Coro) (Música)
- 1987 – Watussi (Coro) (Música)
- 1986 – La viudita naviera (Coro) (Música)
- 1985 – Plaza de Mina (Coro) (Música)
- 1984 – Ole Gaditano (Coro) (Música)
- 1983 – La tertulia de Doña Frasquita (Coro) (Música)
- 1982 – Piconeras y franceses (Coro) (Música)
- 1981 – Los mariscaores gaditanos (Coro) (Música)
Premios Adela del Moral
🏆 1º Premio (2): Watussi, La viudita naviera
🏆 2º Premio (2): ¡Oh, Cádiz!, La tertulia de Doña Frasquita
🏆 3º Premio (3): The music family, Tracaná, Piconeras y franceses
Otros premios
- Hija predilecta de Cádiz
- Antifaz de oro del Carnaval de Cádiz (2022)
- Inauguración de la calle ‘Adela del Moral’ (2022)
- Paseo de la Fama del Gran Teatro Falla (2026)