Carlos Pérez, la voz del otro Cádiz

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Carlos Pérez - Código Carnaval
Foto: Onda Cádiz

Cuentan que mucho más de la actualidad existe otro Cádiz, y no el que transformara Martínez Ares hacia el más allá. Un Cádiz que está entre nosotros de manera palpable, pero en un día a día que no pasa muy a la vista de cualquiera.

Y en ese otro Cádiz, rancio, añejo y juncal, emerge la figura de Carlos Pérez. Un joven gaditano ‘atrapado’ en el cuerpo de un veterano castizo, de los del Cádiz de cañas de pescar en los balcones, el trolebús y los nudillos en el mostrador.

Carlos Pérez pertenece a una estirpe de gaditanos que se alimentan de las raíces del pasado, de los que gritan en las porfías de la barra de un bar y llevan a Cádiz como estandarte en su garganta por donde quiera que vaya.

‘El Veleta’ al son de las claves

Carlos Pérez - El Veleta

En su versión cuartetera, Carlos siempre intenta darle ese puntito picarón y canalla. La poca vergüenza de un ‘age’ que se ha ido perdiendo con el paso de los tiempos.

Su voz atronadora resuena sobre los huecos del Teatro, recordando a la figura del mítico Masa, un viñero empedernido, un amante de su tierra hasta el morir. Pero sobre todo, un carnavalero y gaditano por los cuatro costados.

Un carnavalero de los que ya no quedan

Carlitos es un carnavalero de los que ya no quedan, a caballo entre las claves del cuarteto y los compases de Manolo Santander en su chirigota, se antoja como una figura nostálgica. Figuras de hombres que han apagado sus gargantas sobre las tablas del teatro y su único recuerdo son aquellas viejas cintas VHS, donde entre agüilla y distorsión, su eco se hace inmortal.

Podríamos hablar de él, como uno de los herederos de ese Cádiz añejo, de ese Cádiz que resiste en las entrañas del barrio de La Viña al paso del tiempo. Ese barrio de claveles reventones, el del milagro de la caballa cada verano, el de las casas apuntaladas, el de la gente que sobrevive al día a día…

Un futuro incierto para lo clásico

Carlos Pérez
Foto: Serafín

No sabemos qué deparará el futuro, si lo innovador acabará destronando definitivamente los compases que marcaron los que abrieron camino, si el público de ahora o el que esté por venir termine de tumbar aquellos sones de 3×4 de mostrador, de pito de caña y bombazo.

Lo que sí es seguro, es que Carlos Pérez será, si quiere, uno de los estandartes de esa estirpe del sabor gaditano, el que recuerde con sus tablas que lo que a muchos les puede soñar a viejo es el manantial del que bebieron todos los que ahora están.

Y lo miro, a la izquierda de Manolo Santander, y no dejo de imaginármelo cuando el bueno de Manolo cuelgue su disfraz y diga ‘hasta aquí’, cogiendo la batuta al frente de su chirigota. Porque el que mamó de los mejores, no necesita más credenciales

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