Pepe Marchena: “En comparación con otros carnavales, el carnaval de Cádiz es con diferencia el más machista que podemos encontrar”

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Pepe Marchena - Código Carnaval

Como buen historiador, José Marchena Domínguez (Cádiz, 1962) mira hacia los episodios del pasado para explicar los presentes, en este caso del carnaval de Cádiz. Es profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz, docencia que compagina con la dirección general de la Extensión Cultural y el Servicio de Publicaciones de la UCA.

Fuera del mundo académico, Pepe (para sus amigos) lleva participando del concurso de agrupaciones carnavalescas desde 1979, situándose a los dos lados de la trinchera, como autor de letras y como componente. Su modalidad preferente es el coro, donde se ha curtido y desarrollado, especialmente haciendo tándem con Nandi Migueles, con quien ha alcanzado en varias ocasiones el premio máximo del jurado (La Máquina, 1998) y de la afición (Titirimundi, 1992).

Guarda una estrecha relación con el coro de La Viña, se encargó en 2013 de coordinar un libro antológico de la entidad, “La Salle-Viña: 35 años entre pitos y flautas”. Su última aventura carnavalera fue en 2015, cuando se aventuró a la coautoría de una comparsa, la semifinalista El Reino de Don Carnal.

En una gris y cosmopolita mañana de enero, amenaza la nieve con precipitar sobre las palmeras de Cádiz. Me encuentro con José Marchena, académico, refugiado en su despacho del antiguo Policlínico, parapetado tras un talud de libros e Historia. Se expresa con calma y elocuencia, teoriza sobre el carnaval construyendo un discurso argumentativo-conceptual: habla de inercia, de compromiso, de sofisticación, de exaltación, reivindica la copla y la literatura popular…, mas no dejan de brillarle los ojos cuando trata sobre lo que le apasiona, el Carnaval.

La corrección política que predomina actualmente en nuestra sociedad, ¿cree usted que está estrechando los márgenes de los repertorios de las agrupaciones?

Yo creo que sí. Tú entiendes que el carnaval es un reflejo, en muchos aspectos de la propia vida: Del compromiso político, de la lucha, de las reivindicaciones; la corrección política, que es un concepto que viene a indicar una cierta inercia, una cierta falta de compromiso; en la medida en que la propia sociedad lo tiene, también se refleja en el carnaval.

El carnaval es como una suerte de pantalla de lo que es la propia encrucijada y la propia evolución de la vida. Me remito a otros tiempos donde había un compromiso, lucha, vinculación ideológica, como era en los primeros carnavales democráticos, y eso también se reflejaba, no solamente en ese sentido de compromiso, de ilusión de expansión, de reivindicación, se reflejaba en las letras, en las hechuras del carnaval.

Ahora, quizás, en esa comparativa, pues en esa falta de  inercia, también se refleja. Es evidentemente palpable la falta de compromiso, la inercia, por el propio perfil y la propia dinámica de la situación social, ideológica y cultural en la que estamos. No se sabe muy bien que fue primero, el huevo o la gallina: el carnaval también entra en esa dinámica.

A veces también podemos pensar que esa falta de dinámica puede referirse a un cierto sentido práctico a la hora de concursar, a la hora de evitar tener problemas con determinados temas y asuntos. Lo cierto es que yo he conocido carnavales de distintos momentos, y en esa tesis que planteas estoy bastante de acuerdo contigo. Como se suele decir vulgarmente “el carnaval se moja muy poco”. Del carnaval quizás se espera mucho más de lo que últimamente el carnaval está dando.

¿A día de hoy sigue habiendo censura? ¿Autocensura?

Sí, sí, la censura existe como tal. Tú partes de la base de que el concurso es una gran censura. El concurso nace en el primer tiempo, de lo que conocemos como carnaval contemporáneo en Cádiz, como una forma de control a las agrupaciones por parte de la autoridad competente, es decir, se habla y se tiene muy en cuenta determinados alcaldes que potenciaron entrecomillas el carnaval; como pasa con Eduardo Genovés, Juan Valverde, Cayetano del Toro a principios del Siglo XX.

Esos alcaldes fueron los que de alguna forma fueron consolidando el concurso, el certamen. El certamen, que no era ni más ni menos, que codificar y controlar a las agrupaciones, porque las agrupaciones, su naturaleza, sentido y ámbito es la calle, las agrupaciones nacen de sectores populares en la calle para criticar al sistema establecido, a las autoridades, a aquello que no les gusta.

“Una buena pregunta sería, ¿qué interesa más el concurso o la libertad de expresión?”

¿Qué es lo que hacen las autoridades? Hacen una reinterpretación del carnaval burgués; existe un carnaval de élite y de salones, lujoso, pero está el carnaval popular también. ¿Qué se hace para que ese carnaval popular no se vaya de lo que pueda ser un control? Se crea el concurso.

El concurso significa conocer, encauzar, encarrilar las agrupaciones: quizás el logro más importante en lo que es el control del carnaval es el tema del control de las letras. De hecho, desde los primeros concursos se piden las letras que se vayan a cantar. Después, ya por añadidura, con los años se va creando una costumbre que se va a mantener prácticamente durante muchos años: que es el permiso de las agrupaciones para salir en carnaval: independientemente de que salgan o concursen.

Se puede seguir en el Archivo Municipal el expediente de las agrupaciones, donde salía quien formaba parte de cada grupo, donde vivían, que profesión desempeñaban, las letras…  Y a partir de ahí eras los propios responsables del poder municipal los que iban censurando. Hoy en día realmente no existe esa censura oficialmente, pero sin embargo, yo creo que el propio sistema, los propios modelos, los encastes mismos del concurso hacen que haya una censura subliminal.

Incluso los propios autores se censuran: no quieren lanzar, quizás, determinadas letras porque podrían perjudicar los intereses del concurso. Una buena pregunta sería, ¿qué interesa más el concurso o la libertad de expresión? Cada uno podrá responderla.




“lA libertad de expresión como tal debe concebirse en su total dimensión, el problemas viene si tú no sabes decir las cosas y utilizas recursos de poco nivel”.

¿Es usted partidario de la libertad de expresión total dentro del carnaval?, ¿o cree que hay ciertas líneas que no deben ser traspasadas?

Yo creo que de entrada no debe haber ninguna línea de expresión limitada, porque creo que el ejercicio de la libertad está también en el ejercicio de la madurez. Hasta que no sepamos realmente lo que nuestra madurez nos va marcando sobre lo adecuado o lo no adecuado, pues no podremos saber, entender y ejercitar el concepto auténtico de libertad de expresión; es decir, en el momento en el que yo tenga unos criterios morales y yo te esté limitando a ti, forma parte de una incompatibilidad, es decir, mi libertad parece ser incompatible con la tuya y no es así.

Entendemos de una forma distinta. Otra cosa es un elemento que puede ser, lo ético, lo reverente, lo políticamente correcto, lo adecuado… pero eso ya no forma parte de la libertad, eso forma parte del estilo. Te pongo un ejemplo: No es lo mismo cantar una letra con una fuerte compromiso político, una fuerte crítica al sistema, que una letra donde yo me despache a gusto con tacos e improperios…, eso ya no es libertad, eso es estilo, gusto. ¿Qué es lo que pasa? Ahora se puede decir todo.

Antes como no se podía decir, había quizás un mayor giro de usos estilísticos, lingüísticos, literarios. Ahora, en el fondo, se pueden decir las cosas, nadie lo va a censurar. Pero sí, yo creo que todos podemos identificar cuando una letra está hecha con buen gusto o con mal gusto, porque las cosas se pueden decir de forma elegante, subliminal, retórica, y no es necesario utilizar esos registros.

Eso no es censura, es un uso retórico, un uso adecuado, pero la libertad de expresión es otra cosa; la libertad de expresión como tal debe concebirse en su total dimensión, el problemas viene si tú no sabes decir las cosas y utilizas recursos de poco nivel, como pueden ser los tacos o expresiones soeces, eso ya es una cosa más estilística que de libertad.

Retomando la pregunta anterior, ¿hay autores que ideológicamente no salen del armario por miedo al rechazo o a no ser premiados?

Sí, hay mucho miedo. Sobre todo hay una directa proporción ente las agrupaciones o proyectos con más aspiraciones o con menos, es decir, cuando mayores son tus posibilidades de conseguir triunfos, reconocimientos, premios, más se te encoge la mano. Eso es algo que cada uno debe saber hasta donde llega.

Yo, particularmente, los años que he podido ejercer como autor de letras he pensado en escribir en lo que yo pienso y debo escribir y comunicar a través de mis letras. Hombre, todo el mundo que se presenta a un certamen, sea de la naturaleza que sea, pretende llegar los más lejos posible: pero hasta que punto sacrificar lo que puede ser un mensaje, un compromiso…, porque creo que todos los autores de carnaval deben de tener un compromiso.

Se puede sofisticar mucho, pero estamos hablando de un certamen de literatura de transmisión popular, que tiene una raigambre social y popular, que nunca se debe de perder por mucho que se sofistique. Hoy en día podemos ver grados de sofisticación en las preparaciones, montajes, voces, afinaciones… Hay algo desde luego algo que nunca debe cambiar y es el compromiso literario.

“Se puede sofisticar mucho, pero estamos hablando de un certamen de literatura de transmisión popular, que tiene una raigambre social y popular, que nunca se debe de perder por mucho que se sofistique”

Entonces, el autor de carnaval tiene la responsabilidad de presentar un repertorio crítico y comprometido…

Es que sino, ¿de qué estamos hablando? Una cosa es que el concurso se sofistique, y otra cosa es que eso emborrone, tape o desplace la copla, la literatura de transmisión popular. Hay una cosa que es esencial, la copla, en el sentido popular, de compromiso, de crítica: eso nunca se deber de perder, puede evolucionar, pero nunca perderse.

Si perdemos ese espíritu, estamos hablando de algo puramente estético, puramente tipológico, puramente escenográfico… que está bien, pero que llega el momento en que se desprende el compromiso, se desprende la crítica. Si el autor no tiene compromiso estamos hablando de otra cosa, yo no le denominaría como autor de carnaval, lo denominaría como una persona que hace un montaje, una estructura… Y por desgracia creo que ese papel, ese compromiso, esa función se está dispersando mucho hoy en día.

Y el metacarnaval, ¿qué le parece?

“Si tu sigues un poco la produccion literaria de las agrupaciones más referenciales, cada vez es más la proporción de repertorio sobre metacarnaval”.

El metacarnaval, forma parte de todo eso: en vez de escribir sobre la situacion politica, la falta de solidaridad o sobre los problemas de vivienda, prefiero mejor utilizar parte de mi repertorio para criticarte a ti, que tú haces una agrupación que a su vez rivaliza conmigo, y resulta que el año pasado a mí me dieron el segundo, y yo quiero decir que yo me merecía el primero y tú no…

Te pongo un ejemplo para lo que es una suerte de edificio absurdo, vano, vacuo, que cada vez es más grande. Si tu sigues un poco la produccion literaria de las agrupaciones más referenciales, cada vez es más la proporción de repertorio sobre metacarnaval. Es no solamente hablar de agrupaciones, de lo que soy, de lo que he sido, de lo mal que me ha tratado el jurado, sito también de una de las cosas que se ha prodigado mucho en el concurso que son los llamados cameos: en el momento en que eso es puramente escénico, no es que esté mal, pero si después la otra parte no está y no cubre precisamente lo que debe de cubrir, entonces estamos haciendo agrupaciones vacuas.

¿Queda espacio para el piropo?

Por su puesto que sí, porque entran dentro de los recursos estéticos y estilísticos del repertorio. Las letras de piropo, de exaltación hacia las cosas bonitas, importantes…, el repertorio también se compone de poesía, estética, y eso tiene que estar.

Pero claro, no debe ser lo único, debe haber también una parte de piropo y otra de compromiso, en las dosis que cada autor y cada proyecto considere razonable, debe haber de todo un poco. Se puede hablar de todo, yo no digo que se prohíba hablar incluso de metacarnaval, pero en una dosis más pequeña de lo que debe ser la exaltación, y por supuesto mucho más pequeña de lo que debe ser la crítica y el compromiso.

¿El carnaval de Cádiz trasciende el carnaval del Cádiz?

Yo creo que esto hay que matizarlo. Si entendemos por trascender el efecto inmediato de una buena letra que pueda llegar a calar, eso es bastante difícil, porque en el fondo las letras…

Una buena copla que trasciende se introduce, prácticamente, en lo que sería el propio repertorio, las propias coplas, los propios cantares de la gente del pueblo; es decir, en el sentido del concepto de transmisión popular, en el momento en que la gente hace suyas las letras, estas pierden autoría y se convierten en letras de todos.

Para que se produzca esto se requiere un tiempo que no es de un año a otro. Es verdad que hay otra cuestión, ahora ya hay una mayor proporción de letras o de buenas letras, pero eso no significa que a las letras porque no sean de utilización de inmediata, porque los políticos no hagan caso inmediato a lo que dicen, caigan en saco roto.




“El carnaval GADITANO es un carnaval esencialmente y puramente literario, y lo otro no deja de ser un envoltorio”.

Las letras entrarían en lo que es el sustrato mental, en el sustrato cultural: ¿que es eso? Pues esas cosas que poco a poco te van introduciendo en tus conceptos, en tus inquietudes morales, en tus preceptos sin darte cuenta. Lo que sería un poco también lo que se dice en otro término, la propaganda subliminal.

Si los aficionados van escuchando subliminalmente una serie de mensajes en torno a una reivindicacion, en torno a unos valores a una critica poco a poco te va generando esa especie de inercia sobre determinadas actitudes ante situaciones injustas, ante desigualdades sociales o ante modelos politicos que no nos gustan.

No es una cosa inmediata, se va creando ese poso, ese fondo cultural, reivindicativo, pero claro, siempre y cuando haya letra. Cuando nos encontramos con otro tipo de letras que no tienen el compromiso, pues llega el momento en que al final nos quedamos más con la forma, con el envoltorio que con el fondo; y el fondo de las agrupaciones, por mucho que se les quiera vestir, escuchar, por buenas músicas… el fondo son las coplas, el contenido.

El carnaval gaditano es un carnaval esencialmente y puramente literario, y lo otro no deja de ser un envoltorio. Y esto no es una crítica a artesanos, músicos, afinadores…, pero hay que darle la justa proporcionalidad a lo que cada uno encaja y vive en el concurso.

Pepe Marchena fue coautor de la comparsa El Reino de Don Carnal (ocadizdigital).

“Hoy se mueren por un premio y ayer murieron cantando”…

Hoy en día existe un sentido mercantilista del concurso: hay determinadas agrupaciones, autores, grupos que van esencialmente al concurso a conseguir premios. Todo el mundo cuando va a un certamen quiera ganar, es coherente, pero ¿hasta qué punto estás dispuesto a llegar para ganar?

Eso contrasta con otros tiempos en los que le carnaval era mucho más callejero, desenfadado, comprometido. Hoy en día, todas las agrupaciones de mayor éxito o resultado tienen una serie de compensaciones económicas en base y en clave de contratos a posteriori, y eso hace que también uno intente no comprometerse demasiado para después no tener ningún problema a la hora de ir a cantar a cualquier lado. Esa es una dinámica que yo no me atrevería a valorar.

Yo tengo mi opinión desde luego; pero yo sobre todo lo veo desde un  punto de vista analítico; efectivamente está clara la razón de por qué hoy en día se plantea el sentido bastante pragmático, mercantilista, practico del concurso respecto a otros tiempos. Yo tampoco soy un nostálgico empedernido, hoy en día hay cosas muy positivas, pero también muy negativas y criticables. Lo que si está claro con esa letra que tú me parafraseas, es que los carnavales han cambiado mucho; pero lo que tenemos que ver cuáles de esos cambios ha mejorado el carnaval y cuáles no, que de todo hay en la feria.

“En la calle se es mucho más permisivo, porque la calle es libre, es popular, es la base del carnaval, pero también hay un orden de prelación, una jerarquía en las agrupaciones callejeras”.

¿La mordacidad está en la calle?

Yo tampoco sería tan estricto. Hay que matizar. He escuchado decir muchas veces que “el carnaval callejero es lo que vale, es lo auténtico”. También hay que tener en cuenta los elementos que caracterizan al carnaval de la calle: la gente son mucho menos exigentes, ven las cosas en un contexto mucho más libre y relajado, están de una forma mas desenfadada, en un escenario y distancia distintas, no se pide tanto…

Nosotros mismos cambiamos el chip: aun siendo el mismo aficionado, el que está en el concurso cambia el chip cuando está en la calle y viceversa. Pero también eso pasa a los que forman parte de las agrupaciones, es decir, del concurso podríamos decir que hay agrupaciones buenas, muy buenas, malas…, en la calle es lo mismo; ¿todo vale en la calle?

En la calle se es mucho más permisivo, porque la calle es libre, es popular, es la base del carnaval, pero también hay un orden de prelación, una jerarquía en las agrupaciones callejeras: hay buenas agrupaciones callejeras y otras que no son tan buenas: si te das cuenta, esas agrupaciones callejeras más punteras o más esperadas, ellos mismos también se plantean unos estándares cada vez más exigentes, porque saben que ya tienen un cierto nivel y se van planteando de que ya no todo vale y hay que hacer los mejores repertorios.

Sí es verdad que, por sus características, hay una mayor mordacidad, más libertad; ya no solamente en el tema de las letras, sino incluso en el repertorio, las agrupaciones son inclasificables: no se necesita sacar una chirigota o una comparsa; una callejera no tiene ningún tipo de limitación en el número de componentes, en piezas musicales…, es mucho más creativo, mucho más libre.

Sí estoy de acuerdo en que han cubierto un vacío en que en un tiempo las agrupaciones oficiales habían cubierto y hacía ya tiempo que no lo cubrían. Yo creo que el 80% de lo que podemos escuchar en las calles es lógicamente el auténtico carnaval, porque el concurso es un muestreo folklórico de agrupaciones carnavalescas.

Entonces, la labor y el peso que ha supuesto las agrupaciones callejeras, es un fenómeno que ha sido ya estudiado por algunos trabajos que se han hecho en estos años pero yo creo que han consolidado un carnaval totalmente distinto, el cual hace 25 años atrás era impensable.

“El compromiso político de los autores es bastante versátil”.

Al ser el actual alcalde de la cuerda de muchos autores y viceversa, ¿cree que le van a pasar por alto muchos fallos en la gestión?

No, yo creo que no. El compromiso político de los autores es bastante versátil . Si se hace un estudio de seguimiento de algunos autores, prácticamente, se puede comprobar que “donde dije digo, digo Diego”.

Esto no es una crítica, esto es tan libre como que cada uno puede definirse y pensar lo que quiera. Yo no creo que haya una vinculación tan grande con la nueva situación política: creo que últimamente los autores se ha ido dejando llevar por inercias. La inercia tiene que ver con la ilusión, con los nuevos proyectos y personas. Pero cuando pasa el tiempo aparece también, de manera inercial, el desencanto.

Yo creo que es una secuencia que han pasado todos los alcaldes: pasó con la etapa de Carlos Díaz… Es curioso, cuando se alargan los periodos de responsabilidad, en la medida que entienden lo autores que los objetivos no se van cumpliendo, aparece la correspondiente crítica: con Teófila Martínez pasó lo mismo, pero Teófila estuvo tanto tiempo que se dieron todas las fases.

Yo creo que en el caso de los actuales responsables, aunque como bien has dicho, en un momento determinado algunos autores demostraron un cierto compromiso con el nuevo proyecto y nuevo equipo de gobierno… Yo estoy convencido de que quizás si cabe, no va a haber tanta paciencia como ha habido con otros responsables.

Ellos se encargan también, todo hay que decirlo, porque ellos crean corrientes de opiniones de forma subliminal con unos medios de prensa que son bastante poco afines al equipo de gobierno, y eso también va creando una opinión subliminal que no solo afecta a una parte de la ciudadanía, sino también a ciertos autores.

Yo no veo tan claro que haya un gran compromiso político con una gran cantidad de autores, y si los ha habido, yo te puedo garantizar que de aquí a poco tiempo, todo eso cambia. Yo no sé realmente identificar o valorarlo de forma negativa o positiva, si está claro que hay mucha versatilidad, se cambia en muy poco tiempo de opinión y casi se va de un lado a otro. Personalmente no es cuestión de coherencia, todos evolucionamos, pero hay que evolucionar con un cierto tiempo, con un cierto margen, a parte ya de la valoración política que se pueda hacer.

¿Considera acertada la medida de la supresión de la figura de las ninfas y diosa del concurso?

Yo lo considero acertada. Lo que no considero tan claro es la forma en que se ha negociado, se ha gestionado, porque eso es una reivindicación que se viene haciendo desde hace tiempo; pero yo incluso iría a la mayor, yo no solamente me quedaría en la reivindicación de si son adecuadas o no las ninfas.

Yo creo que hay un tema mucho más profundo y estructural que voy a plantear: es un rol que tiene el carnaval de Cádiz y que es evidente, se puede describir y analizar, que es un rol machista: el carnaval de Cádiz es uno de los grandes carnavales a nivel nacional e internacional, pero también te puedo decir que, en comparación con otros carnavales, el carnaval de Cádiz es con diferencia el carnaval más machista que podemos encontrar. Si te acercas y escudriñas los otros carnavales, el papel, la participación y el juego de la mujer es con diferencia mucho más intenso, mucho más protagonista: pero protagonista de verdad.

Y en el carnaval gaditano, la mujer siempre ha estado muy subyugada, ha jugado un papel de florero. ¿Por qué hay tanta controversia con el tema de las ninfas? Porque representan y simbolizan uno de los papeles que tiene la mujer: vinculada con la belleza, con la exaltación; pero también ha habido un papel peyorativo, cuando se ha hablado de la suegra… El papel de la mujer ha sido subliminal, desafortunado y no ha tenido el protagonismo que merece y tiene.

“El problema no es quitar las ninfas, el problema es cuál es la propuesta de restitución de lo que es la mujer en el carnaval de Cádiz”.

En la calle por ejemplo, la mujer está perfectamente integrada, hay proporcionalidad genérica en las agrupaciones, eso significa que la mujer es tan capaz para estar en cualquiera de los distintos puestos de protagonismo que ha tenido el carnaval.

Yo pienso que en el fondo se debería haber gestionado más una actitud integral de restitución de la mujer en el carnaval, y quizás no solamente en la acción de suprimir y cambiar el tema de las ninfas, sino haber hecho una actuación más transversal de no solamente quitar. El problema no es quitar las ninfas, el problema es cuál es la propuesta de restitución de lo que es la mujer en el carnaval de Cádiz, que es un tema que tiene muchas aristas; una de esas aristas es sin duda el tema de las ninfas.

Pero creo que se debería haber tomado con un poco más de sentido integral. De la forma que se ha hecho, mucha gente se ha quedado con “es que han quitado las ninfas”…, no, porque si intentas verlo, detrás hay un proyecto de restitución, pero claro, antes que quitar, yo creo que se debería hacer un proyecto alternativo; o sea, ¿qué aportas para potenciar el papel de la mujer? Una vez que tú hagas eso, pues ya debes ir quitando los otros viejos usos que se hayan hecho hasta ahora.

Entremos en su materia predilecta: ¿Es respetada la historia por los autores, o hay tendencia a adulterarla?

La historia pasa como tantas otras cosas, que a veces se puede entrar en el tópico, fruto a veces del desconocimiento de la ignorancia; se puede entrar en la interpretación, pero también se puede entrar en otras cosas: en la demagogia, en el recurso…

Por eso siempre estamos en el peligro de la interpretación inadecuada que se puede hacer de algún evento histórico. Hoy en día, retornando a tu primera pregunta, hay una cierta inercia, y la política, la historia parece que queda ahí en una dimensión… Ha habido periodos en los que con poco, con dos o tres registros o alusiones, era fácil exaltar al aficionado, hacerle vibrar, entonces era todo muy romántico; pero como decíamos antes, era la propia vida política, porque la democracia empieza en una sociedad que quiere cambiar pero que conoce muy poco sobre democracia, política, partidos; los autores no viven en una burbuja de cristal, forman parte de la propia evolución de la sociedad, de la cultura, de la política, y entonces yo creo que la historia en la medida en lo que se ha podido conocer ha sido interpretada más o menos de una forma aceptable.

Claro que ha habido “piciazos” de todo tipo, fruto también del que utiliza conceptos y expresiones que no son adecuadas o que parten del desconocimiento. Recuerdo una letra que se hizo para el concurso de coplas para Andalucía que hablaba de personajes ilustres de Andalucía, y creo que en esa letra se metía como andaluz a Miguel Hernández…

Entonces claro, muchas veces más vale hablar de lo que sabes y de lo que conoces, porque si no lo haces así pueden entrar un poco en un “piciazo”. La historia está ahí para interpretarla, vivirla manifestarla, y tampoco hace falta ser especialista en historia para hacer una alusión histórica a través de las letras. Hay que tener bastante margen.

¿Considera anacrónico que a día de hoy una agrupación porte una bandera republicana y la reivindique sobre las tablas del Falla?

No… Bueno, reivindicar la república creo que es una opción ideológica y cultural perfectamente respetable, como el que defiende la monarquía. Otra cosa es cuando hablamos de otros aspectos que ya son más comprometidos, como reivindicar el franquismo por ejemplo: estamos hablando de un régimen dictatorial.

Yo creo que siempre dentro del respeto, no creo que deba haber problemas para aceptar y entender que alguien en un momento determinado saque y reivindique una bandera republicana, como el quiere sacar una bandera monárquica o una de Andalucía. Lo que hay que ser tolerante: ese es otro problema que tenemos los creadores de las coplas, que queremos que con nosotros sean muy tolerantes, pero después no lo somos con los demás.

Usted que ha sido autor y componente: los intérpretes, lógicamente, no comulgarán siempre y por completo con las letras del autor, y más aún en un coro, que como dijo Juan Carlos “son mucha gente”. ¿Los componentes se tragan las letras y punto?, ¿hay debate?

Depende del grupo, de los autores. Yo, como autor, he sido siempre alguien que ha preferido escuchar y morderme la lengua y tener que quitar una letra, si esa letra tiene un sentir razonablemente mayoritario de que no se identifica, de que no gusta.

Por una cuestión muy básica, se trata de que yo escribo las letras, pero si quien tiene que sentirla, asumirlas e integrarlas… difícilmente yo puedo exigir eso si las letras no les gusta a la mayoría. Yo siempre he intentado ser lo más democrático posible; no me gusta el estilo de imponer, de “esto es lo que hay”, como sé que hacen muchos autores.

“Parece que el cantar bien, a determinadas personas o grupos, les da un marchamo de poder entender y opinar de todo”.

Otra cosa es algo que se está dando últimamente, sobre todo en determinadas modalidades, donde hay un cierto endiosamiento. Parece que el cantar bien, a determinadas personas o grupos, les da un marchamo de poder entender y opinar de todo. Hombre, tú puedes opinar, si yo te pregunto sobre la física cuántica, tú me darás tu opinión, no significa que entiendas; son dos cosas distintas.

Todo el mundo puede opinar, pero claro, siempre y cuando tú entiendas y aportes algún criterio. El problema es que ahora se opina sin criterio, es lo que yo he podido ver últimamente en determinadas agrupaciones en las que he estado: eso ya sí que es terrible. Se debe tener un cierto respeto al que en definitiva está haciendo el repertorio. Hay de todo en la feria, pero yo creo que en general, lo que yo he intentado tener como criterio en mis agrupaciones es escuchar a la gente.

Yo hago el repertorio y acepto opiniones y demás, pero yo también tendré algo que decir. Hay que aspirar al término medio. Lo que yo no voy a hacer es traicionar mi estilo, tampoco me gustaría imponer, porque nunca llegaré a saber cuales son las letras que gustan y no gustan a la hora de interpretarlas. Pero creo que el carnaval debe tener un talante mucho más dialogante, democrático, integrador.

Le pongo un ejemplo extremo: yo he llegado a ver a un componente de determinada comparsa persignarse y pedir perdón mirando hacia el cielo tras cantar una letra en la que el autor negaba la existencia de Dios. 

Lo que pasa es que hay alguno que dirá: “Yo por salir con este autor estoy dispuesto a renegar de mis creencias”. Personalmente, yo no llegaría tan lejos, porque en definitiva esto no deja de ser una fiesta, un certamen popular; que es muy bonito y muy intenso, que cuando tú te metes realmente, a veces pierdes la objetividad y hasta el equilibrio.

Pero es mucha pasión la que hay en un momento determinado, y a veces esa pasión te desborda. Es bonito, porque cuando tú tienes ilusión por algo, a veces pierdes la objetividad, y el carnaval tiene ese ingrediente que es una cosa bonita a la par que peligrosa, ya que a veces no sabes donde está el límite.

“Estamos faltando a uno de los grandes principios del carnaval, que es una fiesta integradora, una fiesta de participación”.

Desde la irrupción de Martínez Ares, especialmente a partir de Los Piratas, se ha desarrollado un carnaval “pop” o de masas. ¿Esta comercialización está destruyendo la esencia, está desvirtuando el carnaval?

Lo está haciendo muy mercantil. De entrada, como consecuencia de la gran potenciación que se le ha dado al concurso a través de la televisión, las agrupaciones tienen una imagen que se ve en el resto de España, por el digital ya en cualquier parte del mundo. Entonces entramos en una dimensión distinta: primero en la confusión total y absoluta de confundir concurso con carnaval.

La gente escucha carnaval de Cádiz, y automáticamente se le mete en el subconsciente el Falla. Pero es y no es carnaval. Aceptando ese matiz, lógicamente, la imagen más potente del carnaval es el concurso, las agrupaciones. Llega el momento en que se convierte en una especie de apisonadora que ya es imposible escapar de eso; igual que hoy en día los niños están metidos en sus casa con los ordenadores y ya no juegan en la calle: pues claro, tú no puedes volver a eso, ya es una dinámica… pues en el fondo al carnaval le pasa lo mismo, ¿cómo puedes tú salir de ese corsé? Muy difícil.

A partir de los noventa entramos en un folklore carnavalesco que a su vez va adelantando un carnaval que después no es coherente, porque luego la gente viene de fuera al carnaval a escuchar las agrupaciones del concurso, pero después se encuentran que son otras agrupaciones: por lo cual hay cierto desajuste.

Y la realidad es que la gente quiere ver y escuchar agrupaciones de carnaval, que es distinto de participar del carnaval; porque si entendemos que el carnaval es eso, podemos llegar a una conclusión muy peligrosa, que es que el carnaval de Cádiz es un carnaval pasivo, porque el carnaval solo consiste en escuchar agrupaciones. Estamos faltando a uno de los grandes principios del carnaval, que es una fiesta integradora, una fiesta de participación. Yo no digo que sea bueno ni malo, solamente identifico la situación.

El carnaval, como el fútbol o los toros, pertenece al ámbito de la cultura popular: ¿Ha habido en este caso agentes culturales que lo hayan elevado de lo popular a lo culto, o considera que el carnaval gaditano sigue siendo una fiesta por y para el pueblo?

El carnaval es una fiesta que, aunque cuidada, formada y cualificada, sigue siendo una fiesta popular, porque es una fiesta que parte del pueblo, lo que pasa es que el pueblo afortunadamente hoy día tiene una mejor calidad de vida, mejor capacidad, mejor estilo y mejor aptitud -mejor capacidad me refiero para cantar, escribir, para  hacer un montaje… en las agrupaciones carnavalescas.

Pero no se pierde nunca el concepto popular porque te hago la pregunta a ti, ¿tú crees que el carnaval que hoy tenemos tan sofisticado es un carnaval elitista? No lo es para nada. Por tanto seguimos teniendo una cultura popular pero de otra manera, con otros medios, donde las tecnologías están muy integradas, donde hay ciertas dispersiones en el tema de las coplas: pero los mimbres siguen siendo populares, porque es un carnaval social y del pueblo, un pueblo cada vez más formado y con mayor calidad de vida, pero sigue siendo del pueblo.

“El carnaval es una fiesta que, aunque cuidada, formada y cualificada, sigue siendo una fiesta popular, porque es una fiesta que parte del pueblo”.

En lo personal, ¿tiene pensamiento de volver al concurso?

De momento no, yo he salido ya 24 años y son bastantes años, y el carnaval me ha dado muchas satisfacciones y algún disgustillo. Yo ahora mismo no puedo ser tan torpe de decir como ha hecho alguno dándose golpes de pecho: “¡Yo no salgo más!”. A mí, lo que me pueda gustar o no gustar del carnaval y del concurso lo dejo para mi régimen interno, y ninguna de esas cosas va a ser lo que me mueva para salir o no salir.

Lo que te puedo decir es que si alguna vez vuelvo será con un proyecto que me ilusione, que en el fondo es lo que yo siempre he tenido; yo he concursado, he querido ganar, he pensado que mi agrupación es la mejor como todo el mundo piensa, pero yo creo que hay algo que para mí es indispensable para que yo haya salido cada uno de los 24 años que yo he salido, que es tener ilusión; tener ilusión en un proyecto, en poder hacerlo, en poder construir y en poder transmitir lo que yo quiero decir; si no existe eso yo no saldría. Cuando yo salga tendré otra vez esa ilusión.

¿Y su incursión en la comparsa como la valora?

La experiencia tuvo cosas buenas y tuvo cosas no tan buenas, pero ahí está la experiencia.

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