La sensibilidad de Joaquin Quiñones

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Joaquin Quiñones - Codigo Carnaval

Desde las callejuelas del mentidero un sabor a carnaval y nostalgia han embriagado al Gran Teatro Falla década tras década, Joaquín Quiñones Madera ha supuesto para el mundo del carnaval un prisma diferente en las coplas, la sensibilidad de un poeta que siempre tuvo un apego noble y sincero en el lado injusto del planeta, en aquellos momentos de soledad, sufrimiento y desgracia, donde el alma se desgarra en la desesperación más profunda Joaquín desenfunda su pluma y le plasma un altavoz con un talento innato del que se considera un obrero de la copla.

A lo largo de su carrera, un reguero de coplas han inundado nuestras vidas de la mano de Joaquín, primeros premios con Dioses del Olimpo (1982), Suspiros de Cai (1992), Charrúas (1995), La Cárcel Vieja (2004) o La Caldera (2006) y otro sinfín de grandes comparsas que para siempre quedarán en el corazón y memoria del carnavalero como Robots, Los Hombres Azules, Pulchinela, El Circo o Los Vikingos. Joaquín Quiñones, jubilado de Tabacalera siempre ha sido un poeta comprometido con la clase obrera y no ha callado su copla para decir las verdades a la cara, pero sin embargo hay algo en el que este autor destaca por encima de todo, su enorme sensibilidad. Señalado en la mayoría de las ocasiones con guasa gaditana y otras incluso con sorna entre algunos comparsistas ha tenido que lidiar con el sambenito y la fama de ‘enterrador’ —que ya tuvieron la comparsa portuense de ‘Los Majaras’— debido a su gran capacidad para componer pasodobles a hechos trágicos y sacarles su lado más sensible y respetuoso.

Charrúas y el bombero, todo un clásico de su obra

Una de las coplas más conocidas y cantadas es la que interpreta con la comparsa Charrúas, donde en un simulacro de incendios para el deleite de los gaditanos acabó en una fatídica tragedia, donde un bombero se precipitaba al vacío subiendo una escalera y perdía la vida.

 

Un corazón que nos abandonaba

Un año después, se nos iba uno de los mejores artistas que ha dado Andalucía, ni más ni menos que el cantante Carlos Cano. En 1996, Joaquín nos trajo ‘El Legado Andalusí’ y no quiso olvidarse de dedicarle una copla a uno de los más grandes. Es una de esas letras que encogen el corazón.

 

Comprometido frente al terrorismo

El famoso atentado del 11M tampoco pasó desapercibido para ninguno de nuestros poetas, aquello supuso un acontecimiento social sin precedentes en la historia de España. Para entonces, Joaquín traía en el año 2005 su comparsa ‘La Atlántida’ y en él retrata las vivencias de una adolescente que viajaba en el tren esa misma mañana. Sueños e ilusiones rotos en un pasodoble que consigue hacer un nudo auténtico en la garganta.

 

El adiós a un amigo

En vídeos anteriores como en ‘El Legado Andalusí’ pudimos ver en la fila delantera en el centro, un señor entrado en años con perilla blanca, ‘el Tojo’ fue un octavilla que acompañó las coplas de Joaquín Quiñones numerosos años y que fallecía en 2006, mientras su comparsa de toda la vida se alzaba con el primer premio. Su autor, un año después, con la comparsa ‘La playa de los secretos’ le dedicó este sentido homenaje, desde el corazón, desde el alma desgarrada…

 

De amigo a amigo, de coplero a coplero

Su carácter hace que a Joaquín Quiñones se le tenga un cariño especial en el mundo de la fiesta, el niño del barrio del mentidero donde jugaba a ser poeta, una vez compartió juegos y coplas de fantasía con otro de los más afamados de la fiesta, Bustelo. Joaquín y Jose Luis se hicieron grandes bajo caminos diferentes en aquel templo de ladrillos coloraos que contemplaban desde la esquina de su barrio. Sin embargo, el tiempo, caprichoso, quiso poner a esos dos amigos de batallas de niños juntos, bajo una misma comparsa. Y así le dedicó Bustelo en su pasodoble de medida con La Caja de Pandora en 2010 un homenaje a su amigo Joaquín y a su amistad.

El silencio de las coplas

Hace unos años, Joaquín Quiñones anunciaba que se retiraba del Coac, el poeta gaditano aparcaba su pluma y tintero por un periodo que desconocemos si será definitivo o indeterminado, un silencio a grandes décadas de coplas sencillas, comprometidas y sentimentales. Un hombre que entregó su vida y alma a Cádiz en forma de verso y copla, con la melodía infinita que recorre las callejuelas del Mentidero mientras los ladrillos coloraos, aquellos que tanto anheló de niño, hoy le echan de menos a él, al niño del banco de hierro y la sensibilidad profunda, a uno de los grandes autores del Carnaval de Cádiz.

Foto de portada: Fundación Cruzcampo

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