Las voces inmortales del Gran Teatro Falla

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Las voces inmortales del Gran Teatro Falla - Código Carnaval

Cuando la copla llega al alma, un crujido extraño, canalla y efervescente recorre nuestro torrente sanguíneo de una vez.

Las voces inmortales del Gran Teatro Falla

Es como un rayo que nos cruza el cuerpo al completo, la piel se descose y el vello se eriza hasta el infinito. Es en ese preciso instante cuando la tinta del poeta puede dibujar a fuego sobre tu corazón, cuando la simbiosis entre el emisor y el receptor cobra la mayor de las purezas.

Y de ahí, nace, entre la oscuridad un rugido que retumba las maderas, las columnas y cada esquina del teatro. Aquellas tres letras mágicas del Pillo y su Cai, aquel grito de guerra de María la Hierbabuena donde las agrupaciones se bautizaban de verdad con su bendición.

Otro carnaval sin ellos, y uno que no se acostumbra a aquellos gritos de la clase obrera, a aquellos pregones sencillos de gente de barrio cuya pasión despertaba un volcán de sentimientos que ellos transformaron en arte para los restos, sin más protagonismo que su amor al Carnaval de Cádiz.

Era un instante, un preciso instante, no ocurría siempre. Únicamente en esos momentos mágicos cuando la copla desgarraba en su punto máximo aparecían desde la negrura aquellas voces tremendas de aliento a compás, de bautismo sincero, de complicidad absoluta.

Cuando el Pillo o María hablaban, sentaban cátedra, hablaba Cádiz, mi barrio, toda su gente al ritmo de un veneno que nos engancha  al ritmo de un compás, convirtiéndonos en defensores  a ultranza de nuestras raíces.

No sé, si volverán a oirse por el Gran Teatro Falla nuevos gritos de aliento sin afán de protagonismo, sin rimas estrambóticas y sin un farandulismo interesado. Solo sé, que allá, desde el verdadero gallinero con el que se rozan las nubes con la punta de los dedos sin tocar al techo, seguirán alentando a todas aquellas agrupaciones que se dejan el alma por febrero, haciéndonos sentir orgullosos de llevar el arte de Cádiz como baluarte de lo sencillo.

Que sus gritos retumben inmortales por carnaval desde su casa, su Gran Teatro Falla.

Por: Yasser Tirado

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