Los Mafiosos del Rubio

Los Mafiosos del Rubio

El Rubio, o más conocido como Juan Carlos Aragón, ha vuelto a las andadas, y nos ha dejado una entrega de la mercancía en el último vagón de la noche, de madrugada, cuando los ojos centinelas parpadean y todo se paladea mejor.

Los Mafiosos se presentan como un sindicato del crimen organizado, el poder de los suburbios, o también, una forma de seguir atizando a los de arriba desde otra perspectiva.

El Rubio vuelve a las andadas

Atrás quedaron tres años de color, tras una vuelta de una partida efímera. Juan Carlos Aragón regresa al formato de una comparsa en el que se mueve como pez en el agua, a caballo entre la chulería y el gamberrismo.

La comparsa ha dejado el esteriotipo de cantar ‘a lo bonito’ atrás, Los Mafiosos se muestran ásperos y rudos. El lenguaje de la calle es lo que prima, y volver por la senda de la crítica mordaz parece ser el objetivo.

No se libra nadie, el gobierno, los banqueros, los jueces, la propia sociedad… Es un volver a donde se anduvo, a mensajes anteriores con nuevas historias, a levantar conciencias, a arrancar la piel a trizas con el verbo y la prosa. Lo que siempre fue Juan Carlos, la piedra en el zapato.

Un grupo con la misma filosofía

Y una vez más, el grupo consigue echarse a la espalda la caracterización que necesite la obra. En un año han pasado del fiel peregrino a ser mafiosos indomables, pasando por un verano donde tocó volver a entonar viejos sones del Uruguay con Araka La Kana.

La capacidad camaleónica, de trabajo y sacrificio hace que incluso ‘monstruos’ como Perico, ausente este año, se supla con una naturalidad pasmosa durante el repertorio, por una cuerda de guitarras que son para enmarcar.

Así también entran Nico y Eugenio, sin estridencias, adaptándose a la perfección a un conjunto de voces que sabe desde el primer ensayo de donde viene y a donde va.

El Rubio y los suyos seguirán dejando mercancía de la buena en el Gran Teatro Falla, hasta donde quieran o se pueda. Lo que está claro es que no están dispuestos a dejar ningún cabo suelto. Ándense con cuidado.