No se te ocurra decir que eres carnavalero ¿o sí?

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Foto: DeLande Fotografía

Es frecuente que en presentaciones formales, en el ámbito académico o sobre todo cuando nos enfrentamos a una entrevista laboral nos pregunten acerca de nuestras aficiones para saber a qué dedicamos el tiempo libre, y al gremio carnavalero nos surge siempre una duda: ¿decimos que cantamos en carnaval o mejor lo omitimos?

Y es que ni nuestra afición, ni nuestra condición están socialmente aceptadas como otras que “complementan y dan una imagen de persona diez” como jugar al pádel, hacer teatro o pintar cuadros.

Con frecuencia, tenemos que escuchar “tú ere er de la chirigota, ¿no?” independientemente de la modalidad en la que estemos y con ese puntito de desprecio. Es lo que nos ha tocado. Hemos de asimilar que se nos cruza una mirada elitista que nos tacha de pobrecitos, de gente sin compromiso, sin constancia y sin cultura. La imagen tópica y esterotipada del bufón borrachuzo agarrado a una guitarra para escaparse de la familia durante unas horas y hacer reír por dos pesetas a un señorito ramplón, con ansias de aparentar sostener con migajas a una clase inferior.

Lo tenemos asimilado, porque en muchos casos simplemente se ignora lo que hacemos por defecto y aunque inconscientemente, en muchos casos es la visión que nos tienen. Pero eso no implica aceptarlo y conlleva una labor pedagógica y didáctica para hacer ver qué somos, qué hacemos y sobre todo cómo hemos evolucionado.

Adri acaba de empezar un máster, Antonio es ingeniero informático, Miguel es profesor de filología, Fran es psicólogo y Carlitos acaba de ser aceptado como doctorando. Todos son comparsistas, y solo son algunos ejemplos. Estos perfiles académicos o de profesiones liberales se conjuntan, mezclan y complementan con trabajadores tradicionales, soldadores, tenderos, albañiles y fontaneros. Todos ellos, y ellas, con sus preocupaciones e inquietudes. ¿En qué otra disciplina encuentra usted esta variedad, este tejido heterogéneo compartiendo trabajo codo con codo luchando en un objetivo común?

Con el carnaval de Cádiz, siendo comparsista y en mi caso particular, he desarrollado (y puesto en práctica) aptitudes y habilidades que no me han enseñado una licenciatura de administración y dirección de empresas, en el ámbito práctico y profundo.

No todo es cantar. En primer lugar, la gestión y el liderazgo de equipos de trabajo, orientar y motivar a un grupo de personas en busca de una meta previamente planificada, identificando en un “DAFO” improvisado nuestras debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades. Con él también aprendí a elaborar un presupuesto, buscar vías de financiación para llevar a cabo un proyecto y la optimización de los escasos recursos, que cuando se han incrementado por mor de las circunstancias se han aplicado a invertir en mejorar para seguir creciendo.

Me ha enseñado a hablar en público, a presentar un proyecto en sociedad y a convencer a través del lenguaje no solo verbal, sino gestual. Hemos creado una marca que nos identifica y nos diferencia del resto, que fortalecemos a través de la utilización de redes sociales que nos han ayudado a expandirnos y a mejorar nuestra reputación, llegando a audiencias que cualquier pyme envidiaría.

Esto a su vez atrae el interés de patrocinadores, que aportan su granito de arena para poder sufragar los costes que acarrea el hacer una agrupación, donde desarrollamos un inmenso patrimonio cultural y artístico que posibilita una vía de interés turística, de la que, estimado entrevistador, muy seguramente se esté aprovechando su empresa.

Entonces compañero, ¿nos seguimos avergonzando de nuestra condición o ponemos en alza sus valores? Algo está cambiando, pero nos queda mucho camino por recorrer. Tú decides.

Por: Germán Rendón (@GermanGRendon)

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