Creo en ti

La dificultad que tiene el concurso del Gran Teatro Falla no es el decir las cosas, sino en como se dicen. La intencionalidad, los argumentos y el orden en el que los narras pueden otorgarte resultados totalmente aleatorios e incluso impredecibles.
Una tormenta perfecta, en el que solo los/as más escuálidos son capaces de salir con vida, sonrientes ante el desafío extremo de la polarización máxima, pero quizás, para quien tiene las ideas claras esto no le hace más que aclararle muchísimo más lo que quiere, lo que busca y sobre todo, cuando y como lo contará.
De esta guisa, postró Marta Ortiz su nueva comparsa: La Camorra.
Era el cuarto puñal del abanico. We Can Do atacó al machismo, Las Musas a la misoginia, La Valla al racismo y La Camorra lo haría al clero. Entre tanto, y de propina, una callejera con Las Adolfas para embadurnarse de ese aroma libertino y canalla de la calle, fuera del encorsetamiento concursero y permitiendo adentrarse con total libertad en el 'yo' más puro.
Y es que mientras sus detractores se empeñaban en señalar a sus comparsas, advirtiendo que todo era repetitivo y monótono, el resto de cacatúas se dedicaron a seguir repitiendo el mensaje, sin interesarse en absoluto por el contenido ni muchísimo menos por el continente.
Porque mientras muchos decían que esto siempre era lo mismo, sus comparsas se mostraron firmes de ideas ante la barbarie en Palestina, el amor libre, la violación de los derechos humanos, las mujeres afganas, los menores no acompañados, el derecho al aborto, el racismo, los falsos aliados...
La pluma de Marta se mantuvo inalterable, escribiendo con verso absoluto en las heridas mientras otros optaban por callar para ganar más favores, para no perder contratos o simplemente no ofender a los que les llenaban los estómagos. Pero siempre cantaba lo mismo decían los que se quedaban mirando el dedo mientras sus comparsas apuntaban al carnaval auténtico: Al de decir cosas, al de llevar la verdad en cada sílaba y garganta.
En estos 4 años de Falla, sus comparsas han crecido en cuerpo, alma y forma. El empaque de La Camorra llega insultantemente temprano para un grupo que hace 4 años estaba en pañales carnavalescos. Donde otros necesitaron una década, esta comparsa ha plasmado en 4 el poso perfecto para vivir ese nirvana, ese 'prime vital' donde todo se alinea: verdad, trabajo y talento.
Así, La Camorra llega como la obra más redonda de la autora. Con la madurez de quien tiene completamente seguro lo que quiere escribir, decir, cantar y el camino que desea trazar.
Es innegable que lo de Marta Ortiz no es flor de una comparsa que supo unirse 'al carro' o que simplemente tapó un nicho de mercado por entonces vacío en el Carnaval de Cádiz. Marta tiene el talento de los grandes, la chispa certera capaz de hacerte recorrer el alma, la portadora del silencio tremendo del Falla, el silencio de las grandes cosas.
¡Con la iglesia hemos topado! dirían algunos tras ver su última obra. No hay problema, para aquellos que no vimos la religión como una forma de vida también existe la fe. Porque cuando las injusticias, el sufrimiento o el dolor por la muerte de quienes más amamos nos oprime el pecho también hay un cielo, uno que tuvimos que inventar nosotros, los que creen que toda lucha merece la pena, que todo suma...
Porque Marta es de esas de la fe inquebrantable en sus versos. ¿Cómo no voy a creer en ti...?
Foto portada: Onda Cádiz TV | Captura de pantalla con fines informativos (Art. 32 LPI)
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Maravillosas, comenzando por el tipo, lo bien que cantan, lo bien que se les entiende, y lo que expresan en sus letras...¡ valientes, valientes..! ....¡¡¡ MUJERES TENÍAN QUE SER!!!
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