Es asombroso cómo un pasodoble que se cantó hace veintitrés años en el Falla, hoy sigue teniendo la misma vigencia. En una época en la que el Carnaval de Cádiz aún se centraba principalmente en temas locales y costumbristas, la letra de pasodoble de la comparsa Los Tropicales, de Tino Tovar, supuso una apertura hacia una denuncia más global, al igual que otros pasodobles como el de Oh pueblo americano, de Los Ángeles Caídos, de Juan Carlos Aragón.
En Palestina, un palestino es un paria nos introduce en una realidad, el sufrimiento del pueblo palestino frente a la injusticia y a la indiferencia del mundo. Además, el hecho de usar “un palestino” para representar a todo un pueblo, mediante la metonimia, le sirve para referirse a una experiencia colectiva. El autor se refiere a todo un pueblo oprimido, que es víctima de la guerra, la masacre y el dolor y para ello, usa la repetición de la estructura léxica para reforzar la referencia geográfica y humana. El tono general del pasodoble es elegíaco y solidario. Con esta letra, Tino no busca la compasión pasiva, sino que al contrario, usa el Carnaval de Cádiz como poesía social en la que el compromiso político y el lirismo se funden en una misma composición.
Desde el punto de vista literario, la letra despliega un arsenal de recursos expresivos que refuerzan su tono humano y comprometido. Las metáforas y las imágenes crudas —infancias truncadas, hogares destruidos, sangre inocente— construyen un paisaje desolador que conmueve. Los contrastes entre ternura y violencia, entre vida cotidiana y destrucción, intensifican el dramatismo y dotan de profundidad simbólica al mensaje. La repetición de la estructura “En Palestina…” y la musicalidad solemne del pasodoble otorgan ritmo, gravedad y universalidad al canto. A su vez, el empleo de figuras como la metonimia (“un palestino” como todo un pueblo) o la antítesis (vida/muerte, patria/exilio) consolida la dimensión poética y moral del texto, que equilibra lirismo y denuncia con maestría.
Más allá de su valor literario, el pasodoble adquiere una dimensión histórica y performativa dentro del Carnaval gaditano. Tino logra convertir el escenario del Falla en un foro de conciencia social, en el que la copla se hace memoria y resistencia. La aparente contradicción entre fiesta y tragedia genera un efecto de choque que potencia la reflexión del público: el Carnaval se vuelve tribunal moral.
Y es que la importancia de esta letra radica en dos claves: su carácter pionero y su atemporalidad. Es una letra pionera, porque abrió las puertas del Carnaval de Cádiz a la reflexión sobre conflictos internacionales, demostrando que desde una fiesta popular se puede cantar también el dolor de otros pueblos. Su atemporalidad porque la situación que denuncia —la opresión del pueblo palestino y la indiferencia del mundo— sigue vigente hasta la actualidad.
El pasodoble de Los Tropicales es, en definitiva, una muestra del poder del Carnaval como conciencia colectiva, como arte comprometido que no se conforma con entretener, sino que busca conmover y despertar. En su verso late una verdad incómoda, necesaria y profundamente humana. Porque mientras haya un pueblo oprimido, mientras el mundo mire hacia otro lado, ese pasodoble seguirá siendo un grito vigente, una letra que nos recuerda que cantar también puede ser una forma de resistir.
Este estilo de denuncia que realizó Tino en 2002 es también compatible con otras formas de crítica como la que ha expresado Jesús Bienvenido con Las ratas con el padodoble Allí o su comparsa infantil Las maleducadas en la que recrea una escuela de niños y niñas de Gaza.
Todos estos ejemplos reafirma una vez la teoría del gran Capitán Veneno de que el único lugar en el que podemos encontrar canción protesta es precisamente en el Carnaval de Cádiz.
Y volviendo a la raíz del asunto, y sin más preámbulos, al igual que Juan Carlos, Bienvenido y sobre todo Tino: Yo antes de ser un fascista que impunemente asesina, prefiero ser terrorista que lucha en Palestina.

GRANDE CRISTINA!