Cómo surgió el pasodoble al Papa de Los Miserables

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Corría el año 1993, el frío invierno ya rezumaba por debajo de las puertas del local de ensayo, las bufandas hacían ya acto de presencia y buena parte de los repertorios estaba ya consolidándose noche tras noche para volver a embaucar a todos los aficionados en su salto al Gran Teatro Falla.

Antonio Martínez Ares comenzaba a hacerse un nombre en el mundo del carnaval, el niño del barrio Santamaría había dejado atrás sus inicios de la peña Nuestra Andalucía y había conseguido montar su propio grupo bajo la batuta solemne de Ángel Subiela, como escuderos, un elenco de voces míticas en una alineación que muchos ya recitan casi de memoria: Rafael ‘el mejicano’, Carli Brihuega, Fernandi o Chupa.

Aquel año, Los Miserables era la idea a proyectar, la famosa novela de Víctor Hugo en la que representarían a vagabundos, con unos harapos y una bolsa en donde viajaban todas sus penas y alegrías. El grupo acoge con gran entusiasmo el repertorio, con una confianza ciega en Antonio que ya el año anterior había conseguido meter al grupo nuevamente en la final con ‘Doremifasoleando’.

Pero a ese nivel, la exigencia del grupo es máxima, el hambre voraz y las ganas de triunfo tremendas. En uno de tantos y tantos ensayos, el grupo le comenta a Antonio que están muy contentos con el contenido de la comparsa, pero sienten y notan que les hace falta una letra más, una que rompa el molde. Antonio medita y se marcha hacia un rincón mientras el grupo continúa ensayando, a los diez minutos para la instrumentación y con un folio en la mano entona esto…

Esta copla daría el empujón definitivo a la comparsa y la auparía al primer premio en aquel año, una copla que se hacía creíble e intensa por las verdades que contaba de principio a fin, era un golpe seco en la doctrina del cristianismo a golpe de garganta, a golpe de la pluma más talentosa de la década. Pocos podrían imaginar la repercusión mediática que tendría aquella letra hacia el Papa Juan Pablo. Antonio sería expulsado de la cofradía del Nazareno donde era hermano, pero aquella copla ya quedaría para la posteridad del Carnaval de Cádiz. Grabada a fuego en la historia.

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