Pasodobles inéditos de Antonio Martínez Ares

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Antonio Martínez Ares dejó el mundo de la comparsa y del carnaval en general en el año 2003, su última obra hasta su regreso en 2016 fue ‘Calle de la mar’ y obtuvo el tercer premio.

A lo largo de su trayectoria carnavalera, El niño —como así se le conoce— ha grabado a fuego en el corazón de los carnavaleros numerosisimas agrupaciones: Los piratas, la niña de mis ojos, los miserables, la ventolera, el brujo… Y un sin fin de ellas. T

ras los nombres de esas comparsas nos hemos deleitado con soberbios pasodobles que los aficionados cantan al dedillo en cualquier reunión de amigos, coplas que se han hecho inmortales con el paso del tiempo y que han quedado guardadas por siempre en el rincón del carnavalero.

Pero no todas vieron la luz, no todas salieron de las gargantas de sus componentes o quizás, no salieron de aquel local de ensayo muriendo para siempre en el olvido. Hoy os traigo una recopilación de algunas de esas letras, que por un motivo o por otro decidieron no cantarse, ni incluirse en los cd’s o libretos. Los pasodobles inéditos de Antonio Martinez Ares.

8. La ventolera a Antonio Martín

Esta es una letra crítica y durísima, no se cantó en el falla ni apareció en el cassette. Algunos me han comentado que quizás si aparecía en el libreto, pero es algo que no he podido contrastar. El pasodoble va dedicado a la figura de Antonio Martín.

Cuando yo era un chiquillo buscaba en las calles
el mar de tus coplillas, querido barquero
y después de ganarte como un miserable me inunda la pena
porque veo que tu arte se ha muerto en un bache de mala manera
Y te comen los celos, los celos
Qué culpa tiene nadie que tu alma esté enferma
enferma de triunfos y de premios
Ahora es el momento de contar las verdades que no te interesan
los premios que robaste con los fantasmas del gallinero
lo que pasó una tarde por un capricho de alma goyesca
Cuenta barquero, no te calles la boca, pero di la verdad
¡Ay!, se te acabó la suerte del niño rebelde, querido amigo
Paco ya está muerto, pero yo estoy vivo.
La guerra la traigo en los vientos
Qué no daría por verme de nuevo robando letras
de aquellos mandingos, de esas voces negras
Ahí sí que eras un hombre
y no un titiritero, titiritero.

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