Pedro de Los Majaras, el abrazo infinito

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Pedro Los Majaras - Codigo Carnaval

Antonio Rico Segura, o más popularmente llamado ‘Pedro de Los Majaras’ es uno de los últimos mitos vivientes de nuestros carnavales. Aproximadamente 50 años dedicados a la fiesta, media vida que se dice poco entregados a Cádiz y a su Puerto de Santa María natal. Pero no han sido sus dos únicos amores, con ese abrazo eterno sobre el escenario, Pedro acoge el amor y el cariño de todo un pueblo que lo ama e idolatra, un señor de los pies a la cabeza que nunca tuvo un mal gesto con el jurado ni con la prensa, solo abrazos y una sonrisa eterna.

¿Pedro o Antonio?

pedro-el-de-los-majarasLa historia de ‘Pedro de Los Majaras’ llega por dos vertientes diferentes. Por un lado, siempre iba junto a un tío suyo y su burro, al que llamaban Pedro. Tan inseparables eran que en numerosas ocasiones él mismo contestaba y acudía cuando preguntaban por Pedro. Por otro lado, desde el punto de vista carnavalero, Pedro se enrolaba en 1970 a la comparsa ‘Los Sénecas’ como director, ensayaban en la trastienda de un bar de la calle Ganado cuyo propietario era Eloy Bayard Eizaguirre, que tenía el sobrenombre de “El Majara”, dando así nombre a todos los miembros de la comparsa que allí ensayaban conocíendose como ‘Los majaras’.

La comparsa del Puerto de Santa María ya llevaba unos 10 años de existencia, más concretamente a partir de 1960, con ‘Los bartolos vagos’ obteniendo el primer premio provincial. Siguieron numerosas agrupaciones como ‘Los quasimodos’,  o ‘Fantasía de bandoleros’, en 1962, año donde Pedro hace su primera aparición como componente de la agrupación portuense. En 1967, el grupo emprendió una gira por tierras madrileñas que duró tres años con ‘Los bartolos ye-yes’.

Es a partir de 1970, con la dirección de Pedro cuando la comparsa comienza a tomar una personalidad e impronta bien definida, trayendo un cargamento de coplas infinitas que certificaban un romance perpétuo entre Cádiz y el Puerto de Santa María. En 1974 se incorporaría una de las voces más características de esta comparsa portuense: Manuel Albaiceta.

Es a finales de los 80 cuando comienza el gran repunte de la comparsa. Una de sus obras más emblemáticas, ‘Raza mora’ con su célebre pasodoble a Caparrós en aquel 4 de diciembre es un icono guardado en la retina del carnavalero, se antoja imposible decir una agrupación de Los Majaras y no nombrar a Raza Mora. ‘Los simios’ dieron el golpe definitivo sobre la mesa haciéndose con el primer premio provincial en un derroche de voces sin igual.

Una década dorada llegaría con intermitencia de dos años, debido a la fusión del concurso provincial y local, quedando como uno solo, lo que provocó que la comparsa portuense no participase durante dos años en Cádiz, aunque sí lo harían en el Puerto con: ‘Del puerto a Cádiz’ y ‘Leche picón’. Tras su vuelta y comandados nuevamente por el gran pedro aparecen auténticas maravillas carnavaleras: ‘Israel’, ‘Caballos Andaluces’, ‘Maharajahs’, o ‘El fantasma de la ópera’. A partir de ahí, un relevo generacional se torna sobre la comparsa, las voces eternas de Albaiceta o Pelahigo dejan paso a nuevos nombres.

Pedro como estandarte, resiste el cambio generacional

Un silencio que llega hasta el año 2000, donde la comparsa ‘Marinero en tierra’ en un claro homenaje a Rafael Alberti consigue un cuarto premio. Luego, la comparsa pasa diversos años de transición, casi prácticamente una década, donde la gloria del pasado pesaba y la agrupación no sabía encontrar la esencia de antaño, haciendo un paso decente pero justo, a varios escalones de las agrupaciones triunfadoras.

Pedro permanecía como el estandarte de una estirpe de Los Majaras que conservaba su nombre gracias a su presencia, ya que no quedaban más componentes a su lado. Se rodeó de sus hijos Taty y Antonio, de Lores, Gran Visir, Morales y el grupo sonaba de maravilla, sones nuevos para una comparsa que mantenía un estilo,  una tradición y muchísima historia detrás. Un patrón, un comandante, un símbolo de una generación gloriosa, así se lo hizo ver su grupo en la comparsa ‘Los cenicientos’ en un homenaje sorpresa en el que Pedro había estado hospitalizado y la agrupación decidió ensayar a escondidas este homenaje.

Ramoni llega al grupo, tras su fallido año con Juan Carlos Aragón y se convierte en la mano derecha del proyecto, en la voz que retumbe entre Cádiz y el Puerto con las melodías más dulces y eternas sobre su garganta, llega con él ‘Medio Siglo’ y un popurrí para el recuerdo de todos los gaditanos, para enmarcarlo. El público gaditano ovaciona en pie cada final de esta agrupación mientras Pedro vuelve a alzar sus manos como queriendo engullir todo ese cariño en su ya viejo corazón de sopetón, con el ahínco más sincero y humilde. Pese a que la comparsa recibe un segundo premio, el cariño del público es lo que se queda, la mayor gloria de volver a ver una comparsa del Puerto en lo más alto del olimpo carnavalero, aclamada como Raza Mora, Los Simios o Israel. Era suficiente.

Una última comparsa

Es en el pasado concurso, en el de 2015 donde se decide poner punto y final a la comparsa de Los Majaras. Se reune a numerosos componentes antiguos como Pedrito (punteao de Raza Mora), Fernando Albert, Pacoli o Juan Mena para sacar una última comparsa sobre las tablas del falla y poner así fin a una época. Su nombre: ‘Donde candela hubo’, de corte clásico y serio, muy estilo de los majaras. Al frente, como siempre, comandando el proyecto estaba Pedro.

Y es entonces cuando una nostalgia y melancolía embriaga el Teatro Falla, sabiendo que estamos ante los últimos acordes de una comparsa repleta de auténticos mitos del carnaval, que aquellas voces no volverán a oirse sobre aquellas tablas, que únicamente nos quedarán los vídeos, los cd’s y los viejos cassettes de nuestros padres y abuelos para que aquellos sones portuenses sigan sonando en las infinitas noches de carnaval. Para que podamos dormirnos al abrigo y al calor de un abrazo mágico del gran Pedro de Los Majaras, aquel que dedicó una vida entera al amor por su tierra, por su gente, por el carnaval.

Pese a ello, el destino quiso ser caprichoso y Pedro seguirá, como el dice, hasta que sus fuerzas le fallen sobre las Tablas del Gran Teatro Falla.

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